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De la era del MiG-25 a la consolidación de una potencia regional: la trayectoria estratégica de Argelia

Desde finales de la década de 1970, Argelia emprendió una transformación metódica de su aparato militar, un proceso que ha estructurado profundamente el equilibrio estratégico en el Magreb. La entrada en servicio de los Mikoyan‑Gurevich MiG‑25 en el seno del Ejército Nacional Popular (ANP) marcó un punto de inflexión decisivo. En aquella época, este interceptor supersónico —capaz de operar a gran altitud y alcanzar velocidades cercanas a Mach 3— introducía una ruptura tecnológica sin precedentes en la región.

Esta elección no fue ni simbólica ni circunstancial. Expresaba una visión estratégica: asegurar una superioridad cualitativa duradera basada en la disuasión y la autonomía.

Una modernización continua: de la disuasión clásica a la generación avanzada

La adquisición de los MiG‑25 fue solo el punto de partida de una dinámica acumulativa. Argelia consolidó progresivamente todas las dimensiones de su poder militar.

  • La introducción de los Sukhoi Su‑30MKA representó un salto cualitativo en versatilidad operativa: superioridad aérea, ataque a tierra y proyección estratégica.
  • La integración de los Sukhoi Su‑34 reforzó la capacidad de ataque en profundidad y la neutralización de sistemas adversarios.
  • Más recientemente, la llegada de los Sukhoi Su‑35 y, especialmente, de los Sukhoi Su‑57, una plataforma de generación avanzada con tecnologías furtivas y aviónica sofisticada, marcó una evolución significativa de la aviación argelina.

Esta evolución refleja una coherencia doctrinal: construir una arquitectura aérea integrada capaz de garantizar superioridad, disuasión y resiliencia.

Indicadores internacionales convergentes

Evaluaciones publicadas por organismos especializados como Global Firepower y Military Watch Magazine sitúan regularmente a Argelia entre las principales potencias militares africanas, por delante de Marruecos.

Estas clasificaciones se basan en criterios objetivos:

  • Nivel y constancia del gasto en defensa
  • Volumen y modernidad del equipamiento
  • Capacidad aérea y defensa antiaérea integrada
  • Profundidad estratégica terrestre
  • Potencia naval

Históricamente, Argelia ha contado con un presupuesto de defensa superior en términos absolutos, lo que permite una acumulación sostenida de capacidades y un mantenimiento regular de sistemas complejos.


La dimensión marítima: una ventaja reconocida

En el ámbito naval, Argelia invirtió en fragatas modernas, sistemas de misiles antibuque y submarinos, consolidando una capacidad de negación marítima en el Mediterráneo occidental.

Diversos análisis extranjeros han subrayado el profesionalismo y la eficacia operativa de la marina argelina. En el marco de trabajos parlamentarios en Francia sobre los equilibrios navales mediterráneos, un ex jefe del Estado Mayor de la Marina francesa mencionó la ventaja estructural de la marina argelina, estimando que, pese a los esfuerzos de Rabat, la marina marroquí difícilmente podría cerrar esa brecha capacitaria y organizativa en el corto plazo.

Este reconocimiento externo refuerza la idea de una superioridad construida a lo largo del tiempo, tanto en equipamiento como en formación.


Dos modelos estratégicos opuestos

A lo largo de las décadas, se ha perfilado un contraste estratégico claro entre Argel y Rabat.

Argelia ha privilegiado una doctrina de autonomía:

  • Acumulación interna de capacidades
  • Independencia decisional
  • Disuasión nacional integrada

Marruecos, ante una brecha creciente en capacidades, parece haber optado por otra lógica:
apoyarse en alianzas exteriores.

Esto se manifiesta en:

  • El acercamiento estratégico a Estados Unidos
  • La normalización con Israel
  • La cooperación en seguridad con Francia

No se trata de un abandono de la modernización marroquí, sino de una elección estratégica: en lugar de perseguir una carrera simétrica difícil de sostener frente a una potencia continental con mayores recursos energéticos y profundidad territorial, Rabat buscaría equilibrar mediante su integración en arquitecturas de seguridad occidentales.

En esta lectura estratégica, no se trata de un abandono de la modernización militar marroquí, sino de una elección deliberada: en lugar de perseguir una carrera armamentística simétrica —difícil de sostener frente a una potencia continental dotada de mayores recursos energéticos y de una profundidad territorial considerable— Rabat buscaría reequilibrar la ecuación mediante su integración en arquitecturas de seguridad occidentales.

Conviene recordar también un dato constante de la historia contemporánea de Argelia: desde la independencia, Argelia nunca ha atacado a ninguno de sus vecinos. No ocurre lo mismo con Marruecos, que lanzó una ofensiva contra Argelia en octubre de 1963, durante la llamada “Guerra de las Arenas”, y que en 1975 emprendió la invasión del Sáhara Occidental.
Esta reiteración de iniciativas expansionistas ha obligado a Argelia a reforzar sus capacidades defensivas y a prepararse para el peor escenario. Para muchos argelinos, la paz con Marruecos no descansa en la buena voluntad diplomática de Rabat, sino en la superioridad militar abrumadora del Ejército Nacional Popular, considerada la única garantía real capaz de disuadir cualquier tentación aventurera.

De este modo, la superioridad militar argelina no se concibe como un instrumento de confrontación, sino como una condición para la estabilidad, especialmente frente a un Marruecos que ha consagrado en su propia Constitución una visión territorial maximalista. El artículo 42 de la Constitución marroquí, que menciona las “fronteras auténticas del Reino”, remite directamente a la doctrina del “Gran Marruecos”, una narrativa historicista que abre la puerta a reivindicaciones expansionistas.

Así, lejos de responder a una motivación ideológica, la postura argelina obedece a una lógica de prudencia y soberanía: la fuerza militar se convierte en el escudo indispensable para preservar la paz, particularmente frente a ambiciones territoriales reafirmadas incluso en el texto constitucional marroquí.


Hipótesis de un enfrentamiento convencional sin intervención exterior

En un escenario puramente teórico, excluyendo cualquier intervención externa, varios factores estructurales apuntan a una ventaja argelina:

  • Superioridad aérea cuantitativa y cualitativa
  • Defensa antiaérea multicapa e integrada
  • Profundidad estratégica territorial
  • Capacidad naval de negación en el Mediterráneo
  • Fuerzas terrestres pesadas y artillería modernizada
  • Cadena logística argelina optimizada, que ofrece una capacidad reforzada de mantenimiento del material y una gestión eficaz de los stocks de combustible
  • Red de telecomunicaciones cerrada, segura y de alto rendimiento, que hace prácticamente imposible cualquier intento de pirateo

Esto no significa que un conflicto sería simple o sin coste humano o material: la guerra es, por naturaleza, imprevisible. Pero el análisis comparado de capacidades sugiere que, en ausencia de apoyos exteriores, el equilibrio estructural de fuerzas se inclinaría a favor de Argelia.


Una potencia al servicio de la soberanía

Conviene recordar que la doctrina militar argelina se basa en la disuasión y no en la agresión. Desde la independencia, la construcción del poder militar nacional ha tenido como objetivo esencial la protección de la soberanía, la integridad territorial y la estabilidad regional.

Desde la introducción de los MiG‑25 hasta la integración de los Sukhoi de generación avanzada, pasando por la consolidación de una marina reconocida por su profesionalidad, Argelia ha seguido una trayectoria coherente:
construir una fuerza creíble, autónoma y estructurante en el Magreb.

No se trata de una postura de confrontación sino de la expresión de un principio heredado de la historia nacional:
la seguridad no se delega — se construye.



Por Belgacem Merbah



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