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Copa Africana de Naciones 2025: Marruecos, el arbitraje capturado y la bancarrota moral de un sistema

La Copa Africana de Naciones 2025, organizada por Marruecos a golpe de miles de millones, debía consagrar la entrada definitiva del reino en el círculo de las grandes potencias deportivas mundiales. Sin embargo, pasará a la historia como una de las ediciones más controvertidas, no por su nivel de juego, sino por lo que reveló: la desnudez de un sistema de trampa institucionalizada, concebido con mucha antelación, ejecutado en los bastidores de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) y finalmente derrotado en el terreno por lo que muchos han llamado, no sin ironía, una forma de justicia inmanente.

La derrota de Marruecos en la final contra Senegal (1-0, el 18 de enero de 2026) no borra el escándalo; lo ilumina.

Una CAN bajo sospecha desde el primer silbato

A lo largo del torneo, la selección marroquí se benefició de decisiones arbitrales unánimemente cuestionadas. Desde el partido de grupos contra Malí, luego frente a Tanzania en octavos y Camerún en cuartos, penales evidentes en contra de Marruecos no fueron señalados, mientras que el VAR se volvió sistemáticamente contra sus adversarios.

La final cristalizó todos los excesos: un gol válido de Senegal anulado en los últimos minutos, seguido de un penal otorgado a Marruecos en una acción marcada por un fuera de juego manifiesto que no fue señalado. La acumulación de estas decisiones no dejó espacio para ninguna duda razonable: ya no se trataba de errores humanos, sino de una orientación arbitral constante.

Fouzi Lekjaa y la toma de control de los engranajes de la CAF

Las revelaciones publicadas por el diario El Khabar permiten comprender hoy cómo se hizo posible esta orientación.

En el centro del dispositivo se encuentra Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol y, sobre todo, presidente de la comisión financiera de la CAF, un puesto clave que le da acceso a los expedientes más sensibles de la instancia continental.

La primera etapa del plan consistió en debilitar la Secretaría General de la CAF, dirigida por Véron Mosengo-Omba, nacional de la República Democrática del Congo. Aprovechando rumores persistentes de corrupción, Lekjaa presionó para que la CAF contratara a un gabinete externo para auditar sus cuentas. El 1 de agosto de 2024, la CAF reconoció públicamente la existencia de irregularidades financieras.

Cuando el informe debía presentarse a la Asamblea General de la CAF, reunida en El Cairo el 12 de marzo de 2025, el gabinete pidió repentinamente un aplazamiento, oficialmente para “finalizar su trabajo”. Según El Khabar, este retraso —aceptado por la CAF— se convirtió en el arma de chantaje decisiva.

El pacto: protección a cambio de sumisión

Lekjaa se acercó entonces a Mosengo-Omba y le hizo saber que el informe contenía elementos lo suficientemente graves como para poner fin a su carrera si se hacía público. Luego llegó la propuesta: protección a cambio de un servicio.

El acuerdo se selló durante una reunión del Comité Ejecutivo de la CAF en Kinshasa, el 5 de octubre de 2025. Lekjaa se comprometió a neutralizar el informe y proteger al secretario general. A cambio, Mosengo-Omba aceptó remodelar toda la arquitectura del arbitraje africano.

La piedra angular del dispositivo fue la designación de un nuevo presidente de la Comisión de Arbitraje de la CAF, un congoleño totalmente subordinado al secretario general. El nombre de Olivier Safari, exárbitro asistente internacional congoleño, fue impuesto con total discreción, a pesar de las reservas expresadas por la Comisión de Arbitraje de la FIFA. Mientras la prensa mencionaba candidaturas sudafricanas, egipcias o marroquíes, la decisión ya estaba cerrada.

Una CAN bajo arbitraje dirigido

Una vez que la Comisión de Arbitraje estuvo bajo control, el resto se volvió casi mecánico. Los mismos árbitros aparecieron en los partidos clave, tanto para Marruecos como para sus rivales directos. Los nombres de Pierre Ghislain Atcho (Gabón), Issa Sy (Senegal), Dahane Beida (Mauritania), Daniel Laryea (Ghana), Boubou Traoré (Malí) y Haythem Guirat (Túnez) se hicieron familiares para los telespectadores africanos debido a la sucesión de decisiones controvertidas.

A pesar de la magnitud de los escándalos y su eco internacional, la CAF adoptó una postura reveladora: ninguna investigación seria, pero ataques velados contra quienes considera “enemigos de Marruecos”. Los árbitros más criticados fueron, paradójicamente, mantenidos e incluso “recompensados” con designaciones en las fases avanzadas del torneo.

Apertura y final: el símbolo de una manipulación

El detalle más contundente concierne a los dos partidos más sensibles del torneo: la apertura y la final. Ambos fueron confiados al mismo árbitro: el congoleño Jean-Jacques Ndala, ¡que reside y trabaja en Marruecos!

Ndala arbitró:

  • el partido inaugural Marruecos–Comoras,
  • la final Marruecos–Senegal.

Recordemos que:

  • el secretario general de la CAF es congoleño,
  • el presidente de la Comisión de Arbitraje es congoleño,
  • el árbitro de los dos partidos clave es congoleño,
  • y el árbitro reside y trabaja en Marruecos.

La tesis de la simple coincidencia se vuelve insostenible.

Del fútbol a la diplomacia: un método constante

Lo ocurrido en la CAN 2025 no es una anomalía. Es la transposición, al ámbito deportivo, de métodos que Marruecos ya utiliza en política y diplomacia.

El “Moroccogate” en el Parlamento Europeo, revelado en 2022 por la justicia belga, destapó una vasta red de corrupción destinada a influir en las posiciones europeas sobre el Sáhara Occidental y silenciar las críticas sobre los derechos humanos. Las investigaciones confirmaron la implicación directa de los servicios marroquíes.

El escándalo Pegasus, revelado en 2021 por un consorcio internacional de periodistas, expuso un sistema masivo de espionaje dirigido contra periodistas, opositores y responsables extranjeros, incluido el presidente francés Emmanuel Macron.

Con España, Rabat utilizó el chantaje migratorio en Ceuta y Melilla hasta obtener un alineamiento político en marzo de 2022, antes de reprimir violentamente a los migrantes que de repente se volvieron indeseables.

Conclusión: una humillación para África

La CAN 2025 debía ser un escaparate. Se convirtió en un espejo cruel. No solo fue Senegal o tal rival de Marruecos quien resultó perjudicado, sino toda África, cuya competición reina fue manchada por maniobras premeditadas, llevadas a cabo con cinismo y arrogancia.

El intento fracasó en el plano deportivo. Pero el daño está hecho: la credibilidad de la CAF ha quedado profundamente afectada, y la imagen de Marruecos, lejos de reforzarse, sale aún más deteriorada.

Parafraseando a Shakespeare: ahora más que nunca, “hay, y sigue habiendo, algo profundamente podrido en el reino de Marruecos.”


Por Belgacem Merbah



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