La “guerra de los drones” en el Sáhara Occidental: cuando la propaganda oculta un estancamiento militar
El reciente artículo publicado por Hespress, que presenta las llamadas “operaciones de precisión” de las Fuerzas Armadas Reales marroquíes contra el Frente Polisario, se asemeja menos a un análisis estratégico que a comunicación militar disfrazada de periodismo. Bajo un lenguaje tecnificado y una retórica autocomplaciente, el texto intenta normalizar un bloqueo político, blanquear prácticas jurídicamente controvertidas y confundir superioridad tecnológica con legitimidad.
Una reescritura interesada de las responsabilidades
El artículo se abre con la afirmación recurrente de que Marruecos actúa con “mesura y sabiduría” frente a supuestas “provocaciones de baja intensidad”. Esta narrativa ignora un hecho fundamental reconocido por informes oficiales de Naciones Unidas: fue la intervención militar marroquí en Guerguerat, en noviembre de 2020, la que puso fin al alto el fuego de 1991.
Desde entonces, el conflicto ya no está “congelado”, sino que ha entrado en una fase de guerra sostenida de baja intensidad, cuya responsabilidad política y jurídica recae en Rabat.
La validación pseudoexperta y el control del relato
El recurso a una publicación extranjera marginal presentada como referencia en materia de defensa, así como la selección de analistas sistemáticamente alineados con la posición oficial, sustituye el análisis crítico por el argumento de autoridad. No hay pluralidad de enfoques, ni examen jurídico independiente, ni cuestionamiento real de las operaciones descritas. Lo que se ofrece no es información, sino legitimación del relato oficial.
Desde una perspectiva militar: ¿dónde está la victoria?
Es precisamente en el plano militar donde el discurso revela su mayor contradicción.
Desde un punto de vista estrictamente estratégico, la incapacidad de Marruecos para recuperar los territorios situados al este del muro de arena —que representan aproximadamente un tercio del Sáhara Occidental— constituye un fracaso militar significativo.
Ello resulta aún más revelador si se tiene en cuenta el desequilibrio abrumador de fuerzas:
- una relación de al menos 10 a 1 en efectivos,
- supremacía aérea total,
- dominio del armamento pesado,
- apoyo tecnológico avanzado de Turquía, Israel y China.
Pese a estas ventajas, el ejército marroquí no logra imponer un control terrestre efectivo al este del muro y se limita a ataques selectivos mediante drones.
En la doctrina militar clásica, cuando una fuerza claramente superior renuncia a la ofensiva terrestre decisiva y recurre casi exclusivamente a ataques a distancia, ello no indica dominio, sino contención estratégica.
La llamada “guerra de los drones” no es, por tanto, un signo de supremacía, sino una confesión implícita de la incapacidad para transformar la ventaja tecnológica en victoria territorial.
Los drones como sustituto del riesgo terrestre
Rabat es consciente de que cualquier intento de reconquista terrestre implicaría:
- una guerra de desgaste costosa,
- pérdidas humanas políticamente difíciles de asumir,
- y una mayor internacionalización del conflicto.
Los drones funcionan así no como instrumentos de victoria, sino como herramientas de gestión del conflicto, destinadas a mantener una apariencia de control evitando los riesgos de una confrontación directa. El resultado es un conflicto congelado militarmente y no resuelto políticamente.
El ángulo muerto deliberado: el derecho internacional humanitario
El artículo de Hespress descarta las denuncias sobre víctimas civiles calificándolas de exageraciones o propaganda hostil. Sin embargo:
- se han registrado muertes de civiles, incluidos conductores de camiones extranjeros,
- en la zona tampón supervisada por Naciones Unidas,
- lo que ha motivado la apertura de investigaciones internacionales.
La contradicción es evidente: Marruecos exige “pruebas independientes” mientras se opone sistemáticamente a ampliar el mandato de la MINURSO para incluir la supervisión de los derechos humanos.
Esta postura no es un argumento jurídico, sino una estrategia de evasión de responsabilidades.
La autonomía: repetición sin legalidad
El texto concluye reiterando que la iniciativa marroquí de autonomía cuenta con un apoyo internacional creciente. No obstante, desde el punto de vista jurídico:
- ninguna resolución del Consejo de Seguridad reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental,
- el territorio sigue figurando como no autónomo,
- y el conflicto continúa siendo una cuestión de descolonización.
La repetición mediática no crea legalidad ni resuelve un conflicto.
Conclusión
Lo que el artículo de Hespress revela, en última instancia, no es la fortaleza de Marruecos, sino la fragilidad de un relato obligado a confundir tecnología con victoria, comunicación con estrategia y propaganda con realidad.
La guerra de los drones no es el símbolo de una dominación militar, sino el síntoma de un profundo estancamiento estratégico: un conflicto que no puede ganarse militarmente, que no ha sido resuelto políticamente y que se gestiona cada vez más mediante la fuerza a distancia para ocultar un bloqueo estructural.
Porque ningún muro, por largo que sea, ni ningún dron, por preciso que resulte, puede sustituir al derecho internacional ni al derecho de los pueblos a la autodeterminación.
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