Argelia-España: un acercamiento pragmático, ¿pero llegará Madrid a corregir su posición sobre el Sáhara Occidental?
La visita de Pedro Sánchez a Argel marca, sin lugar a dudas, un episodio diplomático de gran relevancia: tras varios años de crisis abierta entre Argel y Madrid, el jefe del Gobierno español ha venido a mostrar su voluntad de imprimir un “nuevo impulso” a la relación con Argelia, en torno a la energía, las inversiones, el diálogo político, la inmigración y la cooperación económica. France 24 recuerda que se trata de la primera visita de Pedro Sánchez a Argelia en cuatro años, y que llega después de la crisis provocada en 2022 por el respaldo español al plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental.
1. El regreso del realismo español: Argelia vuelve a ser ineludible
La primera lectura de esta visita es sencilla: Madrid ha comprendido que no podía permitirse, de manera duradera, una relación deteriorada con Argel. Argelia no es solo un vecino del sur del Mediterráneo; es un proveedor energético de primer orden, un actor central de la seguridad regional, un socio en materia migratoria y un mercado de peso para las empresas españolas. El propio Pedro Sánchez lo reconoció al calificar a Argelia de “socio estratégico”, subrayando al mismo tiempo la necesidad de profundizar el diálogo político y la asociación económica.
Este acercamiento se apoya, por tanto, ante todo en una lógica de interés. Desde comienzos de 2026, Argelia ha vuelto a convertirse en el primer proveedor de gas natural de España, en particular a través del gasoducto Medgaz, según France 24. La presencia en Argel de responsables de empresas energéticas españolas demuestra que Madrid no busca únicamente una distensión simbólica, sino una normalización concreta, económica y energética.
2. El Sáhara Occidental sigue siendo el nudo político de la relación
Pero el verdadero asunto de fondo continúa siendo el Sáhara Occidental. Fue precisamente el giro español de marzo de 2022 —cuando Madrid respaldó el plan marroquí de autonomía como base de arreglo— lo que desencadenó la crisis con Argel. France 24 recuerda que aquel cambio puso fin a la histórica posición de neutralidad de España y provocó la suspensión, por parte de Argelia, del tratado de amistad firmado en 2002, además de severas restricciones comerciales.
Para Argel, la cuestión del Sáhara Occidental no es un simple contencioso regional entre dos vecinos magrebíes. Se trata de un expediente de descolonización, conforme a la doctrina de Naciones Unidas, ya que el territorio sigue inscrito en la lógica del derecho a la autodeterminación. La MINURSO fue creada en 1991 para acompañar un proceso de solución que contemplaba un referéndum que permitiera al pueblo saharaui elegir entre la independencia y la integración en Marruecos.
3. ¿Cambiará España oficialmente de posición?
A corto plazo, resulta poco probable que Pedro Sánchez anuncie de forma frontal el abandono de la postura adoptada en 2022. Semejante viraje expondría a Madrid a una nueva crisis con Rabat, en un momento en que España depende también de su cooperación con Marruecos en materia migratoria, de seguridad, sobre Ceuta y Melilla, los flujos comerciales y la estabilidad del estrecho de Gibraltar. La posición española de 2022 había sido concebida precisamente como un reequilibrio estratégico a favor de Rabat, tras una intensa crisis hispano-marroquí.
Sin embargo, España puede modificar su postura sin necesariamente cambiar de manera oficial su doctrina. Es probablemente ahí donde se sitúa la maniobra diplomática: Madrid podría evitar reiterar públicamente su apoyo al plan marroquí, volver a un lenguaje más prudente e insistir más en el marco de Naciones Unidas, el derecho internacional y la necesidad de una solución política mutuamente aceptable. Dicho de otro modo, España podría no “renegar” de su posición de 2022, sino diluirla progresivamente en un vocabulario más equilibrado.
4. El escenario más probable: una ambigüedad constructiva
El escenario más plausible es, por tanto, el de una ambigüedad calculada. Madrid no declarará oficialmente: “Retiramos nuestro apoyo al plan marroquí.” Pero podría dejar de convertirlo en un marcador diplomático prioritario. Esto permitiría a Sánchez cuidar la relación con Rabat sin dejar de tranquilizar a Argel. Esta línea permitiría, además, a España regresar parcialmente a su tradición diplomática histórica: mantenerse fiel al proceso de Naciones Unidas sin aparecer como el auxiliar político de una sola de las partes.
Esta ambigüedad resulta tanto más probable cuanto que, según lo recogido por France 24, Tebboune y Sánchez sí abordaron el tema del Sáhara Occidental durante su encuentro, aunque la comunicación política puso sobre todo el acento en la energía, la economía, las inversiones y el diálogo bilateral. Ello sugiere que ambas capitales desean contener el desacuerdo saharaui para que este expediente deje de bloquear el conjunto de la relación.
5. ¿Ha obtenido Argel una victoria diplomática?
Sí, parcialmente. El simple hecho de que Pedro Sánchez se desplace a Argel tras la crisis de 2022 constituye ya un reconocimiento implícito del peso de Argelia. Madrid ha comprendido que no podía construir una política magrebí duradera alineándose en exceso con Rabat en detrimento de Argel. La anunciada reactivación del tratado de amistad y el progresivo deshielo de las relaciones comerciales desde 2025 confirman que España busca reparar el daño diplomático causado por su giro de 2022.
No obstante, conviene no sobrestimar esta victoria. Argel aún no ha logrado un retroceso oficial español sobre el Sáhara Occidental. España parece más bien buscar una normalización sin arrepentimiento público. En pocas palabras: Madrid quiere recuperar la confianza de Argel, pero sin romper con Rabat. Se trata de una política de equilibrista, frágil por naturaleza, ya que descansa sobre una doble promesa difícil de sostener: tranquilizar a Argelia sin inquietar a Marruecos.
6. Los intereses españoles empujan hacia Argel
A medio plazo, varios factores pueden impulsar a España a reequilibrar aún más su posición. El primero es energético: Argelia dispone de una palanca considerable, sobre todo en un contexto europeo en el que la seguridad del suministro sigue siendo estratégica. El segundo es económico: a las empresas españolas les interesa recuperar plenamente el mercado argelino tras las restricciones comerciales derivadas de la crisis de 2022. El tercero es geopolítico: España no puede permitir que Francia, Italia o Alemania ocupen en solitario el espacio de la asociación con Argel.
El cuarto factor es de índole interna española. La posición de Sánchez sobre el Sáhara Occidental fue cuestionada por una parte de la clase política española, entre otras razones porque rompía con una tradición de prudencia y parecía haber sido decidida de manera muy unilateral. Esta fragilidad política interna podría, con el tiempo, abrir la vía a una corrección si la correlación de fuerzas parlamentaria o gubernamental evoluciona en España.
7. Qué puede esperar Argelia de Madrid
Argelia puede probablemente obtener tres cosas de España. En primer lugar, una reanudación duradera del diálogo estratégico, con mecanismos regulares de concertación. En segundo lugar, una cooperación económica más densa: energía, renovables, infraestructuras, industria, agricultura, servicios y circulación de personas. Por último, cierta contención española respecto al Sáhara Occidental, con un retorno progresivo a un lenguaje más conforme al marco de Naciones Unidas.
En cambio, sería irrealista esperar, en lo inmediato, una declaración espectacular de Madrid que anule la de 2022. La diplomacia española avanzará por deslizamientos sucesivos, no mediante una ruptura brusca. Lo más probable es una política de “desalineamiento discreto”: menos entusiasmo público hacia la tesis marroquí, más referencias a Naciones Unidas, pero sin confrontación directa con Rabat.
Conclusión: hacia una normalización condicional, todavía no una reconciliación total
El futuro de las relaciones argelino-españolas dependerá de la capacidad de Madrid para comprender una realidad fundamental: Argel no aceptará ser tratada como un simple proveedor de gas mientras España avala políticamente las tesis marroquíes sobre el Sáhara Occidental. La relación con Argelia exige coherencia, respeto estratégico y cierta equidistancia en los expedientes regionales sensibles.
Es probable que España no cambie oficialmente de posición de la noche a la mañana. Pero podría corregirla progresivamente en la práctica. Y quizás sea ahí donde se juega lo esencial: no en una declaración espectacular, sino en una evolución gradual del lenguaje, las prioridades y los equilibrios. Si Madrid desea reconstruir de verdad una relación sólida con Argel, tendrá que reconocer, tarde o temprano, que el Sáhara Occidental no puede reducirse a una transacción diplomática con Rabat. Es una cuestión de derecho internacional, de memoria colonial española y de autodeterminación de un pueblo cuya suerte permanece en vilo desde hace casi medio siglo.
Belgacem Merbah
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