La visita oficial que realizará el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a Argelia el próximo 20 de julio constituye un acontecimiento diplomático de gran relevancia. Más que una simple reunión bilateral con el presidente Abdelmadjid Tebboune, esta visita parece representar la culminación de un proceso de acercamiento entre dos países que han atravesado una de las crisis más profundas de su historia reciente.
Una crisis originada por el cambio de postura española sobre el Sáhara Occidental
Para comprender la importancia de esta visita, es necesario recordar el origen de la crisis diplomática que enfrentó a Argel y Madrid desde 2022.
Durante décadas, España había mantenido una posición relativamente equilibrada respecto al conflicto del Sáhara Occidental, una cuestión particularmente sensible para Argelia. Sin embargo, esta línea tradicional cambió cuando el Gobierno de Pedro Sánchez decidió apoyar el plan marroquí de autonomía, considerado por Rabat como la solución definitiva al conflicto.
Desde la perspectiva argelina, este giro fue interpretado como una ruptura con la neutralidad histórica que debía mantener la antigua potencia administradora del territorio. La reacción de Argel fue inmediata: suspensión del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación firmado en 2002, restricciones comerciales y un notable enfriamiento de las relaciones políticas.
La crisis demostró la capacidad de Argelia para utilizar su peso económico y energético como instrumento de presión diplomática frente a una importante potencia europea.
Un elevado coste económico para España
Una de las principales consecuencias de esta crisis fue su impacto económico.
Según diversas fuentes españolas, las empresas del país habrían sufrido pérdidas superiores a los 3.200 millones de euros debido a las restricciones comerciales impuestas por Argelia. Las exportaciones españolas hacia el mercado argelino registraron una fuerte caída entre 2021 y 2023, afectando especialmente a los sectores industrial, agroalimentario y manufacturero.
Mientras tanto, otros actores como Italia, Turquía y China aprovecharon la situación para reforzar su presencia económica en Argelia, lo que generó una creciente presión de los círculos empresariales españoles para restablecer las relaciones con Argel.
Argelia separó la política de la energía
Uno de los aspectos más destacados de la gestión argelina de esta crisis fue la decisión de mantener intactos los suministros de gas natural hacia España.
A pesar de las tensiones diplomáticas, Argelia continuó cumpliendo todos sus compromisos contractuales, especialmente a través del gasoducto Medgaz. Esta actitud permitió al país preservar su reputación como proveedor fiable de energía, en un contexto marcado por la crisis energética europea derivada de la guerra en Ucrania.
Con esta estrategia, Argelia transmitió un doble mensaje:
- Firmeza en la defensa de sus intereses políticos y soberanos.
- Respeto de los compromisos económicos y energéticos internacionales.
De este modo, Argel logró ejercer presión diplomática sin poner en riesgo su credibilidad como socio estratégico.
¿Por qué España busca ahora reequilibrar su política magrebí?
Cuatro años después de la última visita de Pedro Sánchez a Argel, el contexto regional ha cambiado considerablemente.
España parece haber comprendido que una política demasiado centrada en Marruecos no puede realizarse a costa de la relación con Argelia, que sigue siendo un actor clave por varias razones:
- Importante proveedor de gas natural.
- Potencia regional de primer orden en el norte de África.
- Actor esencial para la estabilidad del Sahel.
- Socio económico estratégico para España.
En este contexto, la diplomacia española parece orientarse hacia una política más equilibrada entre Rabat y Argel.
La reciente visita del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, fue interpretada precisamente como una misión preparatoria destinada a facilitar la reanudación del diálogo político de alto nivel.
¿Hacia la reactivación del Tratado de Amistad?
Uno de los principales objetivos de la reunión entre Tebboune y Sánchez podría ser la reactivación del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación suspendido desde 2022.
Una decisión en este sentido enviaría una señal muy positiva a los mercados y a los inversores de ambos países. Además, podría favorecer:
- La recuperación de las inversiones bilaterales.
- La intensificación de los intercambios comerciales.
- Una cooperación energética más profunda.
- Una mayor coordinación en cuestiones mediterráneas y de seguridad.
Mientras Madrid intenta reconstruir la confianza perdida, Argelia busca obtener garantías de respeto hacia sus intereses estratégicos.
El Sáhara Occidental sigue siendo el principal punto de divergencia
A pesar de la mejora del clima diplomático, la cuestión saharaui continúa siendo el tema más sensible entre ambos países.
La visita de Pedro Sánchez coincide con el debate en el Parlamento español de una iniciativa legislativa destinada a facilitar la nacionalidad española a numerosos saharauis nacidos bajo la administración española.
Aunque esta propuesta no modifica la posición oficial del Gobierno español sobre el conflicto, demuestra que el Sáhara Occidental sigue ocupando un lugar importante en la vida política española y continuará siendo seguido con especial atención por Argelia.
¿Una victoria diplomática para Argelia?
Más allá de la normalización bilateral, esta visita también puede interpretarse como una confirmación de la creciente influencia diplomática de Argelia en la región.
Tras varios años de fuertes tensiones, España regresa a Argel con la voluntad explícita de reconstruir una asociación estratégica duradera. Esta evolución refleja el reconocimiento del peso geopolítico, energético y de seguridad que Argelia ejerce en el Mediterráneo occidental y en África del Norte.
La visita del 20 de julio podría, por tanto, marcar el inicio de una nueva etapa en las relaciones hispano-argelinas. Sin embargo, queda por ver si este acercamiento será capaz de superar definitivamente las secuelas de la crisis provocada por el cambio de postura española sobre el Sáhara Occidental, o si las diferencias de fondo seguirán condicionando la relación entre ambos países en los próximos años.
Por Belgacem Merbah
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