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¿Por qué los argelinos prefieren a los extranjeros frente a sus propios compatriotas? Un análisis a través del concepto de «colonizabilidad» de Malek Bennabi.

Existe una escena que se repite, bajo diferentes formas, en casi todos los hogares argelinos: un médico argelino cuyo diagnóstico es puesto en duda hasta que es confirmado por un colega francés; un ingeniero local cuyas recomendaciones son rechazadas hasta que un experto extranjero las reformula en otro idioma; un producto nacional observado con desconfianza hasta que lleva una marca importada.

Esta escena no es un incidente aislado, sino el síntoma recurrente de una patología civilizacional que Malek Bennabi describió con notable precisión hace más de medio siglo: la colonizabilidad.

El verdadero valor de este concepto no reside en su carácter acusador, sino en su función diagnóstica. Bennabi no escribió para exculpar al colonizador; planteó una pregunta mucho más inquietante: ¿por qué el colonialismo encuentra un terreno fértil para expandirse? Según él, la respuesta no se encuentra únicamente en la artillería del conquistador, sino también en una fisura presente en el corazón mismo de la conciencia del colonizado.

El colonialismo que ya no necesita un ejército

La idea central de Bennabi es tan profunda como inquietante: el colonialismo militar puede terminar en un solo día, pero el colonialismo que habita en las mentes puede sobrevivir durante generaciones después de la partida del último soldado.

Cuando una sociedad está convencida de que las soluciones siempre vienen del exterior y de que sus propias capacidades son necesariamente dudosas, es colonizada por segunda vez, esta vez sin necesidad de ninguna guarnición militar.

Lo que Bennabi llama “colonizabilidad” no es un simple rasgo individual pasajero, sino una estructura psicológica y social compleja basada en varios elementos entrelazados:

  • La pérdida de confianza en la producción colectiva nacional, y no solamente en los individuos.
  • La transformación del “otro” de un posible socio en una referencia absoluta.
  • El retroceso de la iniciativa ante el prestigio del experto extranjero.
  • Un desprecio latente hacia uno mismo, a menudo disfrazado de “realismo” o de “crítica constructiva”.

Lo más peligroso es que estos mecanismos suelen reproducirse de manera inconsciente. Quien privilegia sistemáticamente la opinión extranjera no se considera víctima de un complejo; simplemente cree que está siendo objetivo y racional.


La herida de ciento treinta años

Es imposible comprender este fenómeno en Argelia sin situarlo en el contexto de una experiencia colonial excepcional por su duración y profundidad.

La presencia francesa en Argelia no fue una simple ocupación militar temporal, sino un proyecto de colonización de poblamiento que buscó remodelar metódicamente la escala de valores de la sociedad: el francés como símbolo del progreso, la cultura local como una carga que debía superarse y el argelino como un ser incompleto que necesitaba permanentemente una tutela externa.

La independencia política de 1962 liberó el territorio, pero no liberó automáticamente las mentes.

Las estructuras psicológicas no desaparecen por decreto ni durante una celebración nacional. Requieren un largo proceso de reconstrucción civilizacional, un proceso que sigue inconcluso y que, en ciertos ámbitos, quizá ni siquiera haya comenzado realmente.


Cuatro puertas por las que se instala la duda sobre uno mismo

1. La geografía del valor en lugar de su sustancia

Cuando un argelino competente emigra y triunfa en Europa o en América, se convierte inmediatamente en una referencia nacional. Sin embargo, esa misma competencia ejercida en Argelia suele generar más escepticismo.

La paradoja es que el valor ya no se mide por la realización en sí, sino por la latitud y la longitud del lugar donde fue alcanzada.

2. La confusión entre reconocer el progreso y someterse a él

El progreso científico y tecnológico de Occidente es una realidad objetiva que nadie razonable puede negar.

El problema aparece cuando ese reconocimiento legítimo se transforma en la convicción absoluta de que todo lo que viene de Occidente es necesariamente superior a todo lo que se produce localmente.

Entonces el juicio deja de centrarse en el contenido y se enfoca exclusivamente en el origen.

3. Las deficiencias institucionales reales

Probablemente este sea el aspecto más delicado porque suele basarse en experiencias concretas.

Cuando la eficacia institucional se deteriora, el favoritismo se generaliza y la lealtad es recompensada por encima del mérito, la pérdida de confianza en lo “local” no siempre es un complejo psicológico; también puede ser una conclusión racional derivada de la realidad vivida.

Aquí, el análisis psicológico de Bennabi no es suficiente por sí solo. También es necesario abordar las causas institucionales que alimentan este fenómeno, en lugar de ocultarlas detrás de discursos vacíos sobre el orgullo nacional.

4. La economía global de la imagen

Los medios de comunicación y la publicidad no venden únicamente productos; también difunden una jerarquía implícita de valores:

  • Marca extranjera = calidad.
  • Producto local = opción de segunda categoría.

Al repetirse diariamente en todas las pantallas, esta ecuación termina moldeando una conciencia colectiva que presupone la inferioridad de todo lo local incluso antes de evaluarlo.


Entre la apertura y la alienación: ¿dónde está la frontera?

Este es quizás el punto más sutil del pensamiento de Bennabi y el que más frecuentemente se malinterpreta.

La colonizabilidad no implica rechazar la apertura al mundo; de hecho, significa exactamente lo contrario.

Las sociedades fuertes —ya sea el Japón de la era Meiji, Corea del Sur durante su industrialización o Turquía en su complejo camino hacia la modernidad— nunca se negaron a aprovechar la experiencia occidental.

Importaron tecnología y conocimientos con entusiasmo, pero no importaron junto con ellos un sentimiento de inferioridad.

Tomaron la herramienta y dejaron atrás el complejo.

Una sociedad segura de sí misma pregunta:

“¿Qué puedo aprender de esto?”

Una sociedad afectada por la colonizabilidad pregunta:

“¿Cómo puedo parecerme a ellos para tener valor?”

Toda la diferencia entre la cooperación civilizacional y la alienación civilizacional reside en esa distinción.


¿Qué preocuparía a Bennabi hoy?

Si Malek Bennabi escribiera en la era de los algoritmos y las plataformas digitales, probablemente añadiría un nuevo capítulo a su reflexión.

La colonizabilidad ya no necesita un colonizador que hable francés con el acento de la autoridad colonial. Basta una simple plataforma digital.

Cada día, los algoritmos de recomendación exponen a los usuarios a un flujo continuo de contenidos que sugieren, de manera sutil y repetitiva, que “allí” es mejor que “aquí”.

El colonialismo contemporáneo ya no necesita ni un solo soldado; a veces una simple notificación en un teléfono móvil es suficiente.


Romper el círculo vicioso

Los discursos apasionados, por sí solos, no permiten desmantelar esta estructura mental. Peor aún, pueden reforzarla cuando consisten en negar el problema en lugar de enfrentarlo.

Un enfoque serio descansa sobre cuatro ejes complementarios:

1. Hacer de la competencia el único criterio

Juzgar una idea, un producto o una persona por sus resultados reales y no por su nacionalidad o su origen.

2. Valorar los éxitos nacionales

Presentar los logros argelinos como una realidad normal y no como excepciones extraordinarias.

3. Reformar las instituciones

La confianza no se construye con discursos, sino mediante una experiencia cotidiana de justicia, competencia y transparencia.

4. Educar para un orgullo sereno

Cultivar una confianza colectiva que distinga claramente entre el orgullo identitario y el aislamiento o el rechazo del otro.


Conclusión: una independencia inacabada

Preferir al extranjero antes que a un compatriota no siempre constituye una traición a la propia identidad, ni es necesariamente el resultado de una fascinación ingenua.

Con frecuencia, es la consecuencia acumulada de una profunda experiencia histórica, donde las heridas psicológicas se mezclan con deficiencias institucionales muy reales.

Malek Bennabi nos dejó una clave esencial para comprender la dimensión psicológica de este fenómeno. Pero también nos dejó una responsabilidad contemporánea: abordar las causas institucionales que continúan alimentándolo.

Porque la independencia política obtenida en 1962 sigue siendo incompleta mientras no vaya acompañada de una verdadera independencia intelectual: aquella que permite al argelino ver en su compatriota a un competidor creíble a nivel mundial y no a un sustituto por defecto.

Como comprendió Bennabi, el renacimiento de una nación no comienza con un programa económico ni con un proyecto político.

Comienza con un momento mucho más profundo: aquel en el que un pueblo recupera finalmente la confianza en la capacidad de sus propios hijos para construir su futuro.


✍️ Belgacem Merbah
Patriota argelino, libre en su pluma como en sus convicciones.

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