Ir al contenido principal

Terrorismo en el Sahel: la propaganda marroquí culpa a Argelia pero pasa por alto las rutas del narcotráfico

El artículo publicado por el medio marroquí Assahifa, que intenta presentar a Argelia como un factor de inestabilidad en el Sahel, se asemeja más a un ejercicio de propaganda política que a un análisis serio de seguridad. Bajo el pretexto de comentar el desmantelamiento de una célula vinculada al Estado Islámico en Marruecos, el texto construye una narrativa orientada: el terrorismo saheliano estaría alimentado por el separatismo, el separatismo sería sostenido por Argelia y, por lo tanto, Europa debería considerar a Rabat como su principal baluarte de seguridad. Esta construcción puede resultar útil desde el punto de vista de la comunicación estatal, pero no resiste el contraste con los hechos, los datos internacionales ni la historia reciente de la región.

La primera debilidad del artículo es de carácter metodológico. Parte de un hecho de seguridad real —una operación antiterrorista realizada en Marruecos— para derivar progresivamente hacia una acusación geopolítica contra Argelia. Sin embargo, no presenta ninguna prueba operativa directa que vincule a la célula desmantelada con el territorio argelino, las instituciones argelinas o una supuesta estrategia de Argelia. Se pasa así de la información a la insinuación, y de la insinuación a la acusación. Se trata de una técnica clásica de propaganda: aprovechar una amenaza real para fabricar un adversario político.

Cuando se examinan las fuentes internacionales serias, la imagen que emerge es completamente distinta. Argelia es descrita regularmente como un actor importante en la lucha contra el terrorismo en el norte de África. El Departamento de Estado de los Estados Unidos destaca los esfuerzos sostenidos de Argelia en materia de prevención, detención de sospechosos, desmantelamiento de células terroristas, destrucción de arsenales y neutralización de grupos armados extremistas. Incluso señala que en 2023 no se registraron atentados terroristas significativos en territorio argelino y que las capacidades operativas de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y de las ramas locales vinculadas al Estado Islámico se han reducido considerablemente.

Esta realidad es fundamental. Argelia no es un país que haya descubierto el terrorismo a través de comunicados de prensa o campañas de comunicación. Pagó un precio humano enorme durante la década de 1990. Enfrentó prácticamente sola una ola de violencia terrorista de extrema intensidad y lo hizo en medio de una gran incomprensión internacional. De aquella experiencia surgió una doctrina de seguridad sólida, basada en la inteligencia, la protección de fronteras, la negativa a ceder ante grupos armados, la desradicalización controlada y la cooperación regional. Es precisamente esta experiencia la que hoy convierte a Argelia en una referencia en la lucha antiterrorista y no en una fuente de inseguridad.

Los datos disponibles confirman esta trayectoria. El Global Terrorism Index muestra una disminución significativa del impacto del terrorismo en Argelia a largo plazo, con una puntuación que descendió a 1,766 en 2025, frente a niveles mucho más elevados a comienzos de los años 2000. Esta evolución no es casualidad. Refleja la eficacia de un aparato de seguridad que ha reducido la capacidad operativa de los grupos terroristas dentro del territorio nacional, manteniendo al mismo tiempo una vigilancia elevada frente a las amenazas procedentes del Sahel, Libia y las zonas fronterizas.

La segunda debilidad del artículo marroquí reside en su explicación simplista de la crisis saheliana. El texto pretende hacer creer que la inestabilidad del Sahel está relacionada principalmente con Argelia, el Frente Polisario o los movimientos separatistas. Se trata de una interpretación reduccionista. La crisis del Sahel es, ante todo, el resultado del debilitamiento de la autoridad estatal en varios países, de la proliferación de armas tras el colapso del Estado libio en 2011, de los tráficos transfronterizos, de los conflictos comunitarios, de la pobreza, de la marginación regional y de la ausencia de servicios públicos básicos.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su informe Journey to Extremism in Africa, recuerda que el extremismo violento en África no puede explicarse únicamente por la ideología o la pobreza. Está alimentado por una combinación de factores: sentimientos de injusticia, falta de oportunidades, desconfianza hacia las instituciones, violencia local, abusos de las fuerzas de seguridad y economías criminales. Reducir toda esta complejidad a acusaciones contra Argelia equivale a ignorar deliberadamente las causas profundas del problema.

El artículo también menciona las tensiones entre Mali y Argelia como si las declaraciones de Bamako constituyeran pruebas. Una vez más, es necesario actuar con rigor. Una acusación política, incluso formulada en un foro internacional, no constituye una prueba judicial. Mali atraviesa una profunda crisis caracterizada por el aislamiento diplomático, la presión militar de los grupos armados, la redefinición de alianzas, las tensiones con varios países vecinos y la búsqueda de responsables externos. En este contexto, instrumentalizar a Argelia permite desviar la atención de las dificultades internas del poder maliense.

La política argelina hacia el Sahel siempre ha sido diferente. Se basa en el rechazo de las intervenciones militares desestabilizadoras, el apoyo al diálogo político, la lucha contra el terrorismo, la cooperación fronteriza y la defensa de soluciones africanas para problemas africanos. Esta postura puede incomodar a ciertos actores, pero no puede transformarse en una supuesta complicidad con el terrorismo. De hecho, en 2026 la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) organizó en Argel una mesa redonda regional sobre cooperación transfronteriza contra el terrorismo y el crimen organizado, con la participación de Argelia, Libia, Túnez, Egipto, la Unión Africana, AFRIPOL y expertos vinculados al Consejo de Seguridad. Un país realmente sospechoso de alimentar el terrorismo difícilmente sería colocado en el centro de este tipo de mecanismos internacionales de coordinación.

Otro procedimiento utilizado por el artículo consiste en presentar al Polisario como una especie de amenaza permanente. Mezcla en un mismo bloque acusatorio los campamentos de Tinduf, el separatismo, el tráfico ilícito y el yihadismo. Este amalgama es peligroso. Que algunos individuos hayan pasado, en algún momento de sus trayectorias personales, de un entorno político a redes criminales o terroristas no permite criminalizar a toda una población, una causa política o un Estado anfitrión. La lucha antiterrorista debe dirigirse contra redes, fuentes de financiación, células operativas y rutas logísticas, no contra comunidades enteras o reivindicaciones políticas.

Pero quizá lo más revelador del artículo no sea lo que dice, sino lo que omite. Si realmente pretende analizar las relaciones entre terrorismo, crimen organizado e inestabilidad en el Sahel, ¿por qué apenas menciona el narcotráfico? ¿Por qué evita abordar las rutas de la droga que atraviesan el norte de África y alimentan las economías criminales del Sahel? ¿Por qué insiste en acusaciones políticas contra Argelia mientras evita cuidadosamente examinar el papel de Marruecos como importante punto de origen y tránsito de resina de cannabis?

La pregunta es legítima porque diversos informes internacionales han documentado durante años la importancia del cannabis marroquí en los flujos regionales de narcotráfico. La ONUDD ha subrayado repetidamente el papel de las economías criminales y su conexión con redes armadas y terroristas en el Sahel. Asimismo, numerosos informes muestran que las incautaciones de resina de cannabis siguen concentrándose en gran medida en el norte de África, con una presencia destacada de Marruecos en dichas rutas.

Surge entonces una cuestión incómoda: si los grupos terroristas del Sahel obtienen beneficios de los tráficos transfronterizos y si la resina de cannabis producida o transitada por Marruecos alimenta desde hace años parte de estas rutas criminales, ¿por qué el artículo nunca explora una posible relación entre el narcotráfico marroquí y las redes terroristas sahelianas? ¿Por qué esta conexión desaparece repentinamente cuando podría resultar incómoda para Rabat?

El denominado caso del «Escobar del Sahara» hace esta cuestión aún más pertinente. En junio de 2026, varios antiguos altos responsables marroquíes fueron condenados en relación con una vasta red internacional de narcotráfico vinculada al traficante maliense Ahmed Ben Brahim, conocido como el «Escobar del Sahara». Según las acusaciones difundidas públicamente, esta red operaba entre Marruecos, el norte de África y el Sahel. El caso fue presentado como inédito debido a la implicación de figuras políticas influyentes en una trama internacional de narcotráfico.

No se trata aquí de afirmar que el Estado marroquí apoye el terrorismo. Una acusación de esa naturaleza requeriría pruebas sólidas, judiciales e irrefutables. Sin embargo, resulta legítimo denunciar el doble rasero. Cuando el artículo habla de Argelia, se apoya en insinuaciones y asociaciones dudosas. Cuando un proceso judicial marroquí revela redes de narcotráfico con conexiones regionales y sahelianas, la prudencia analítica se vuelve absoluta. ¿Por qué esa misma prudencia no se aplica cuando se habla de Argelia?

La lucha contra el terrorismo no puede ser selectiva. No es posible denunciar los vínculos entre terrorismo y crimen organizado únicamente cuando ello sirve a una estrategia política contra un vecino. Si los tráficos financian a los grupos armados, entonces todos los tráficos deben ser examinados: drogas, armas, combustible, migración irregular, secuestros, rescates y blanqueo de dinero. Y cualquier análisis serio del Sahel debe incluir necesariamente las rutas del narcotráfico.

La seguridad regional no puede construirse sobre acusaciones infundadas. Exige coherencia, cooperación y honestidad intelectual. Sin embargo, el artículo marroquí falla precisamente en estos tres aspectos. No busca comprender las causas profundas de la inestabilidad saheliana. Busca imponer una narrativa: Marruecos sería el protector y Argelia el problema. Esta narrativa puede tener utilidad política para Rabat, pero carece de solidez analítica.

En realidad, Argelia sigue siendo uno de los pocos países de la región que ha enfrentado, contenido y reducido una amenaza terrorista de gran magnitud en su propio territorio. Dispone de una experiencia de seguridad reconocida, una doctrina probada, una cooperación internacional activa y un profundo conocimiento de las dinámicas sahelianas. Los hechos disponibles muestran que es un factor de estabilidad y no una fuente de caos.

La conclusión, por tanto, es clara: el artículo marroquí no ofrece un análisis objetivo del terrorismo en el Sahel. Presenta una acusación política contra Argelia bajo la apariencia de una reflexión sobre seguridad regional. Pero la propaganda, incluso cuando está bien elaborada, sigue siendo propaganda. Frente a la gravedad de la amenaza terrorista, la región no necesita relatos hostiles. Necesita verdad, responsabilidad y una cooperación sincera contra todos los factores de inestabilidad, incluidos aquellos que algunos medios prefieren no mencionar.

✍️ Belgacem Merbah
Patriota argelino, libre en su pluma y en sus convicciones.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Amgala 1976: Cuando Argelia se enfrentó a la traición marroquí y defendió a los oprimidos

En noviembre de 1975, España se retiró del Sáhara Occidental. Aprovechando la oportunidad, Marruecos y Mauritania dividieron ilegalmente el territorio, en flagrante violación del derecho internacional y del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Los saharauis fueron las primeras víctimas: bombardeados con napalm y fósforo, masacrados y enterrados en fosas comunes bajo las arenas del desierto. Fiel a su misión revolucionaria y a los principios de noviembre de 1954, Argelia se mantuvo firme junto al pueblo saharaui. En enero de 1976, más de 2.000 civiles saharauis encontraron refugio en Amgala, un punto vital de agua en el desierto, donde estaba estacionado el 41º Batallón de Infantería argelino, especializado en logística y apoyo humanitario. Su misión: proteger a los refugiados, proporcionar alimentos y entregar ayuda. Pero la monarquía marroquí —el Majzén— eligió mostrar su verdadero rostro. Amgala I (21–29 de enero de 1976): Sangre argelina derramada por la justicia 21 d...

La “guerra de los drones” en el Sáhara Occidental: cuando la propaganda oculta un estancamiento militar

El reciente artículo publicado por Hespress , que presenta las llamadas “operaciones de precisión” de las Fuerzas Armadas Reales marroquíes contra el Frente Polisario , se asemeja menos a un análisis estratégico que a comunicación militar disfrazada de periodismo. Bajo un lenguaje tecnificado y una retórica autocomplaciente, el texto intenta normalizar un bloqueo político, blanquear prácticas jurídicamente controvertidas y confundir superioridad tecnológica con legitimidad. Una reescritura interesada de las responsabilidades El artículo se abre con la afirmación recurrente de que Marruecos actúa con “mesura y sabiduría” frente a supuestas “provocaciones de baja intensidad”. Esta narrativa ignora un hecho fundamental reconocido por informes oficiales de Naciones Unidas: fue la intervención militar marroquí en Guerguerat , en noviembre de 2020, la que puso fin al alto el fuego de 1991. Desde entonces, el conflicto ya no está “congelado”, sino que ha entrado en una fase de guerra sosteni...

La adquisición del Su-57E por parte de Argelia: un punto de inflexión estratégico que transforma el equilibrio de poder en el Magreb

La adquisición por parte de Argelia del Su‑57E ruso, uno de los cazas de quinta generación más avanzados del mundo, marca una evolución mayor en el panorama militar regional. Frecuentemente comparado con el F‑35 estadounidense por su furtividad y sus capacidades de combate avanzadas, la entrada en servicio de este aparato en Argelia representa un salto tecnológico significativo con profundas consecuencias estratégicas para el Magreb . Un avance tecnológico con repercusiones regionales Con la incorporación del Su‑57E a su arsenal, Argelia se convierte en el primer país árabe y africano en desplegar un caza de quinta generación. Las imágenes que circulan en línea, seguidas de una confirmación oficial de un pedido estimado en una docena de aparatos, refuerzan el análisis de los expertos según el cual Argelia sigue una estrategia a largo plazo destinada a: reforzar su postura de disuasión, mantener una ventaja cualitativa en su vecindad, consolidar su autonomía estratégica mediante asoc...