El Sahel: Argelia entra en la era de la potencia regional - De la diplomacia de los principios a la geopolítica de los intereses
Durante décadas, la política exterior argelina se construyó sobre una base sólida: el respeto a la soberanía de los Estados, la no injerencia en los asuntos internos, el rechazo de las intervenciones militares extranjeras y la búsqueda de soluciones políticas a los conflictos. Estos principios han forjado la identidad diplomática de Argelia desde la independencia y le han otorgado una credibilidad particular en la escena internacional.
Sin embargo, el período actual marca una ruptura histórica.
El sistema internacional surgido tras la Guerra Fría está experimentando una profunda reconfiguración. Las instituciones multilaterales se debilitan, el derecho internacional se ve cada vez más cuestionado por las relaciones de fuerza y las potencias regionales imponen sus intereses sin preocuparse siempre por los principios que proclaman públicamente.
En este contexto surge una pregunta fundamental para Argel:
¿Cómo defender los propios principios cuando los adversarios no respetan ninguno?
Argelia parece ofrecer hoy una respuesta pragmática: preservar sus principios, pero sin sacrificar por ellos sus intereses estratégicos.
Desde esta perspectiva, la crisis de Níger podría constituir uno de los giros más importantes de la política exterior argelina en las últimas décadas.
Níger: la nueva línea avanzada de la seguridad nacional argelina
El despliegue en Níger de cuatro cazas Su-30MKA, un avión cisterna Il-78, un avión de transporte estratégico Il-76, así como helicópteros Mi-24 y Mi-171, va mucho más allá de una simple asistencia militar.
Representa, ante todo, un mensaje estratégico.
Por primera vez desde la independencia, Argelia demuestra su capacidad para proyectar rápidamente un dispositivo aéreo completo más allá de sus fronteras con el fin de apoyar a un Estado vecino enfrentado a una amenaza existencial.
Esta evolución refleja una toma de conciencia fundamental:
La frontera estratégica de Argelia ya no se encuentra en sus límites administrativos, sino allí donde nacen las amenazas capaces de alcanzar su territorio.
En otras palabras, Argel ha comprendido lo que las grandes potencias regionales entendieron antes:
que resulta mucho menos costoso estabilizar el vecindario que gestionar las consecuencias de su colapso.
La caída de Níger podría abrir un corredor de inestabilidad de más de 2.000 kilómetros, conectando el sur de Libia con las zonas yihadistas del lago Chad.
Para Argelia, semejante escenario constituiría una amenaza directa.
La profundidad estratégica: el arma geopolítica que Argelia no utilizaba
La historia militar demuestra que ninguna potencia regional duradera ha aceptado jamás que su defensa se limite a sus fronteras jurídicas.
Rusia defiende su profundidad estratégica en Ucrania.
Turquía actúa en Siria e Irak.
Irán proyecta su influencia desde el Levante hasta el Golfo.
Los Emiratos Árabes Unidos disponen hoy de puntos de apoyo que se extienden desde el Cuerno de África hasta el Mediterráneo.
Argelia constituía hasta ahora una excepción.
Posee el ejército más poderoso del Magreb, una de las fuerzas aéreas de combate más importantes de África y una posición geográfica dominante entre el Mediterráneo, el Sahara y el Sahel.
Sin embargo, ese poder permanecía esencialmente defensivo.
La crisis de Níger podría anunciar un cambio de paradigma.
Por primera vez, Argel parece considerar que su profundidad geográfica debe transformarse en profundidad estratégica.
El Sahara deja de ser únicamente un espacio que proteger.
Se convierte en un espacio que organizar.
El Sahel: el nuevo centro de gravedad de África
Más allá de la seguridad, la cuestión también es económica.
La África del siglo XXI se estructurará en gran medida alrededor del Sahel.
Esta región constituye ahora el punto de encuentro entre:
- África del Norte;
- África Occidental;
- África Central.
Los grandes corredores energéticos, las rutas comerciales, las redes de fibra óptica y las nuevas cadenas de suministro atravesarán este espacio.
El proyecto del gasoducto transahariano Nigeria-Níger-Argelia ilustra perfectamente esta realidad.
Con más de 4.000 kilómetros de infraestructuras previstas y las enormes reservas de gas de Nigeria, este proyecto podría redibujar de manera duradera la geografía energética africana.
Pero existe una condición indispensable:
la estabilidad.
Sin un Estado nigerino funcional y estable, ningún inversor financiará infraestructuras que atraviesen el Sahara.
Por ello, la seguridad de Níger se está convirtiendo progresivamente en un interés económico vital para Argelia.
El factor ruso: convergencia táctica y autonomía estratégica
La intervención de elementos del Africa Corps ruso en la protección del régimen nigerino durante el intento de golpe de Estado añade una dimensión adicional a la ecuación.
Desde hace varios años, Moscú amplía su influencia en el Sahel a través de Malí, Burkina Faso y ahora Níger.
Ante esta realidad, Argelia debe evitar dos errores.
El primero sería el alineamiento.
El segundo, la hostilidad sistemática.
La estrategia más inteligente consiste probablemente en buscar convergencias limitadas cuando los intereses coincidan, manteniendo al mismo tiempo una total autonomía de decisión.
En este aspecto, Argelia dispone de una ventaja poco común.
A diferencia de otros actores regionales, mantiene una relación histórica con Rusia sin perder credibilidad ante actores occidentales, africanos y árabes.
Esta posición podría permitirle desempeñar el papel de potencia de equilibrio.
¿Hacia una doctrina argelina de presencia avanzada?
Los acontecimientos de Niamey plantean una pregunta fundamental:
¿Estamos ante una operación puntual o ante el nacimiento de una nueva doctrina militar argelina?
Si esta dinámica continúa, podrían surgir varias evoluciones en los próximos años:
- desarrollo de capacidades permanentes de inteligencia en el Sahel;
- cooperación reforzada con los ejércitos de la Alianza de Estados del Sahel (AES);
- protección de los grandes corredores energéticos;
- creación de mecanismos regionales de respuesta rápida;
- despliegue puntual de drones y medios ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento).
No se trataría de reproducir los modelos francés o estadounidense.
El objetivo sería construir una arquitectura regional de seguridad centrada en los propios Estados del Sahel, con Argelia desempeñando el papel de potencia estabilizadora.
La emergencia de una potencia africana central
El verdadero significado geopolítico del despliegue en Niamey va mucho más allá de Níger.
Tiene que ver con el lugar que Argelia podría ocupar en el nuevo orden africano.
Durante mucho tiempo, Argel privilegió el papel de mediador.
Mañana podría verse obligada a asumir también el de garante regional de la estabilidad.
El vacío dejado por la retirada progresiva de las potencias occidentales, el debilitamiento de las instituciones regionales tradicionales y la fragmentación de la seguridad en el Sahel crean un espacio que tarde o temprano alguien ocupará.
La cuestión ya no es si surgirá una potencia estructurante en el Sahel.
La cuestión es cuál será esa potencia.
Argelia cuenta con varios activos únicos:
- la principal potencia militar del Magreb;
- una frontera directa con el Sahel;
- una experiencia reconocida en la lucha antiterrorista;
- importantes recursos energéticos;
- una influencia diplomática histórica en África.
La crisis de Níger demuestra que Argel parece cada vez más dispuesta a utilizar estos activos en defensa de sus intereses estratégicos.
Conclusión: el momento estratégico argelino
El despliegue en Niamey probablemente quedará como un hito histórico.
No porque cuatro Su-30 hayan aterrizado en una base aérea del Sahel.
Sino porque podrían simbolizar el final de una época.
Durante décadas, Argelia fue una potencia regional por sus capacidades, pero también una potencia prudente por su comportamiento estratégico.
Hoy, el deterioro de la situación en el Sahel, los desafíos energéticos, las rivalidades geopolíticas y la reconfiguración del continente africano la obligan a replantearse su papel.
La gran pregunta ya no es si Argelia debe defender sus intereses.
Todos los Estados lo hacen.
La verdadera cuestión es saber si está preparada para transformar su poder potencial en una influencia estratégica duradera.
Tras los acontecimientos de Niamey, una cosa parece ya más clara:
la frontera estratégica de Argelia ya no comienza únicamente al sur de Tamanrasset; comienza allí donde se decide el futuro del Sahel.
Por Belgacem Merbah
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