Marruecos y la política del funambulismo: ¿por qué la confrontación armada parece más cercana que nunca?
Las rápidas evoluciones en el espacio magrebí revelan un cambio estratégico mayor en el comportamiento de Marruecos, un cambio que solo puede interpretarse a través de una lógica deliberada de presión, provocación y ampliación máxima del margen de maniobra. Este enfoque – marcado por una postura de sobrerreacción, desafío y ruptura con los equilibrios regionales – acerca peligrosamente la región al espectro de una confrontación armada.
Mientras algunos persisten en envolver la crisis en un discurso diplomático rígido, los datos políticos y operativos indican que la solución no nacerá antes del instante de la explosión; será, en el mejor de los casos, impuesta por las consecuencias de un conflicto.
1. Las mutaciones marroquíes: de la defensiva a la ofensiva estratégica
Desde 2020, Rabat ha adoptado una postura ofensiva inédita en la historia regional, articulada en torno a tres ejes:
- La ampliación de alianzas exteriores, especialmente mediante una normalización en materia de seguridad y defensa con Israel, que incluye contratos de armamento sensibles que han creado un equilibrio de disuasión artificial.
- La reclasificación del expediente del Sáhara Occidental como “cuestión existencial”, y ya no como tema de negociación, rompiendo así con el marco de la ONU.
- El intento de imponer un hecho consumado a Argel, mediante provocaciones diplomáticas, campañas mediáticas hostiles y la activación de lobbies en capitales occidentales.
Estas decisiones convierten la disputa en un conflicto estructural e intencional. La cuestión ya no es si habrá escalada, sino cuándo.
2. Argelia: contención estratégica y vigilancia reforzada
Ante esta dinámica, Argel ha privilegiado hasta ahora una lógica de contención estratégica, consciente del costo exorbitante de una guerra en una zona intrínsecamente inestable. Esta prudencia no significa ausencia de disuasión, sino que se basa en:
- Un ejército profesional con alta capacidad operativa.
- Asociaciones internacionales diversificadas (Rusia, China, países del Sahel).
- Un apoyo constante al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.
Sin embargo, la persistencia de las provocaciones marroquíes reduce progresivamente los márgenes de la diplomacia. Cuando el espacio político se contrae, la fuerza bruta avanza: una lógica que la geopolítica consagra antes de que la realidad la imponga.
3. ¿Por qué el choque se vuelve previsible?
Tres factores hacen que el enfrentamiento armado sea más probable que nunca:
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Un desfase entre el discurso marroquí y la legalidad internacionalRabat reivindica una soberanía sobre el Sáhara Occidental que ni el derecho internacional ni las resoluciones de la ONU reconocen, generando una tensión permanente que interpela a Argel como garante regional de los derechos saharauis.
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Una militarización acelerada de las fronterasLa transformación de los confines occidentales de Argelia en plataforma de radares israelíes y sistemas de guerra electrónica constituye una amenaza directa para su seguridad nacional. Cuando esta está en juego, la guerra se convierte en un instrumento para redefinir las líneas rojas.
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Una estrategia orientada a neutralizar la diplomaciaMarruecos busca imponer una ecuación simple: “La única solución es aceptar nuestras condiciones”. Este tipo de postura conduce generalmente a una escalada hasta el punto de ruptura.
4. ¿Por qué la política no precederá a la guerra?
La diplomacia supone un espacio de negociación. Sin embargo, la política marroquí actual no es negociación, sino imposición. Argelia no puede aceptar:
- Sacrificar su profundidad estratégica,
- Tolerar una amenaza directa a su soberanía,
- Ni someterse a un proyecto expansionista que rediseñe la región en favor de Rabat y sus aliados.
Cuando se cierran las puertas a soluciones equitativas, la batalla se convierte en la antesala de la política, no en su antítesis. La historia lo confirma: muchos acuerdos regionales nacieron de guerras, rara vez antes de ellas.
5. ¿Qué escenarios para el futuro?
Se perfilan tres hipótesis:
- Escalada controlada: enfrentamientos limitados que redefinen las reglas de compromiso.
- Guerra abierta: si Rabat cruza las líneas rojas argelinas.
- Negociación impuesta tras el choque: el escenario más plausible, donde las relaciones de fuerza redefinen los términos del arreglo.
En cualquier caso, Argelia seguirá siendo el actor decisivo, respaldada por su legitimidad política y jurídica para defender la estabilidad regional y el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos.
Conclusión
La postura marroquí actual se inscribe en una doctrina expansionista alimentada por alianzas oportunistas y apuestas a corto plazo. Esta doctrina convierte la confrontación armada en una hipótesis avanzada, incluso en el único medio para restablecer el equilibrio y devolver la región al marco del derecho internacional.
La política vendrá después, pero solo cuando la fuerza haya hablado. No es una elección argelina, sino la consecuencia directa de una estrategia marroquí que avanza hacia el abismo con una peligrosa seguridad.
Por Belgacem Merbah
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