Comunicación política marroquí y multiplicación de gestos provocadores hacia Argelia durante la CAN Bousbir 2025
Con motivo de la Copa Africana de Naciones celebrada en Marruecos, el discurso mediático cercano a las autoridades marroquíes experimentó una clara escalada, caracterizada por narrativas fabricadas, escenas mediáticas escenificadas y una serie de provocaciones contra Argelia. Esta estrategia —destinada a explotar políticamente un evento deportivo— revela un trasfondo social y político frágil que las autoridades intentan visiblemente ocultar y desviar de la atención pública.
Provocaciones inaceptables
Además de los discursos y las narrativas mediáticas, este torneo estuvo marcado por dos incidentes ampliamente comentados:
En varias ciudades marroquíes se exhibieron banderas argelinas al revés, transformando lo que debería haber sido un simple gesto protocolario en un mensaje altamente simbólico. En un contexto político ya sensible, este acto fue interpretado como una provocación deliberada hacia Argelia.
Durante la ceremonia de apertura, la bandera argelina fue la única que no fue visible (el ángulo de la cámara no permitió ver nuestro emblema nacional), a pesar del carácter continental de la competición, que normalmente exige la presencia de las banderas de todas las naciones participantes. Numerosas fuentes documentaron esta omisión, reforzando la percepción de una intención política de marginar a Argelia en un espacio que debía mantenerse estrictamente deportivo.
En conjunto, estos incidentes apuntan a una estrategia de escalada simbólica que va mucho más allá del ámbito deportivo.
Construcción de narrativas destinadas a alimentar la tensión
Paralelamente a estos gestos simbólicos, algunos medios cercanos al poder intentaron convertir la presencia normal de aficionados argelinos en los estadios en un asunto político. Circularon acusaciones según las cuales miembros de la delegación argelina habrían ocultado un retrato del rey Mohamed VI en su hotel. Esta historia fue amplificada y presentada como una extensión del incidente del 31 de octubre en las Naciones Unidas, cuando el representante marroquí ocultó la bandera argelina durante una sesión sobre el Sáhara Occidental.
Esta forma de “simetría artificial” refleja una clara intención de mantener un alto nivel de tensión narrativa.
Testimonios fabricados al servicio de un relato predeterminado
También circularon grabaciones de individuos presentados como argelinos que pedían la reapertura de las fronteras. Sin embargo, su débil dominio del acento argelino y la naturaleza evidentemente escenificada de las escenas despertaron rápidamente el escepticismo del público. Se hizo evidente que el objetivo era crear la impresión de un deseo popular argelino alineado con la posición marroquí. El resultado, sin embargo, fue el contrario: la operación fue ampliamente vista como un intento evidente de manipulación mediática.
Un contexto social interno particularmente tenso
Todo esto ocurre mientras Marruecos enfrenta graves crisis sociales internas. El derrumbe de edificios en Fez y las fuertes inundaciones en Safi han expuesto una clara debilidad en las capacidades de respuesta de emergencia y en las infraestructuras. Estas crisis contrastan de manera marcada con las enormes sumas invertidas en la organización de eventos deportivos internacionales.
Profundización de las tensiones regionales
Estos mensajes simbólicos y mediáticos contribuyen al empeoramiento de las tensiones argelino‑marroquíes. Las decisiones tomadas por Argelia en los últimos años —ruptura de relaciones diplomáticas, cierre del espacio aéreo, imposición de visados— se produjeron en un contexto marcado por una serie de provocaciones que añadieron nuevas capas de bloqueo a las relaciones bilaterales.
Deporte y política: una combinación arriesgada
Convertir una competición continental en una plataforma política es un movimiento que podría volverse en contra de quienes lo promueven. Las narrativas mediáticas no pueden ocultar indefinidamente las crisis sociales, el descontento público ni las deficiencias estructurales expuestas por los acontecimientos recientes.
La propaganda no puede sustituir una buena gobernanza; a largo plazo, podría profundizar el aislamiento y erosionar la confianza pública.
Por Belgacem Merbah
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