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Gasoducto Nigeria–Marruecos: El “Elefante Blanco” que Marcha por el Atlántico

A veces, un proyecto es tan vasto, tan audaz, tan gloriosamente desproporcionado que parece pertenecer más a la mitología que a la ingeniería. El gasoducto Nigeria–Marruecos —recientemente analizado por la consultora estadounidense North Africa Risk Consulting (NARCO)— encaja perfectamente en esta categoría.

NARCO no se anduvo con rodeos y lo calificó como un proyecto “faraónico”, “inútil” y, directamente, un “elefante blanco”. En otras palabras: colosal en coste, interminable en alcance y casi seguro de desafiar la lógica.

TSGP vs. GAA: La lógica frente a la imaginación

Por un lado, está el Gasoducto Transahariano (TSGP) de Argelia: un proyecto enfocado y pragmático que involucra solo a tres países: Nigeria, Níger y Argelia. Gran parte de la infraestructura ya existe y, salvo el tramo que cruza Níger, la ruta es relativamente sencilla.

Por otro lado, Marruecos impulsa el Gasoducto Atlántico Africano (GAA): una línea ambiciosa que se extiende por 11 países costeros, serpenteando hacia el norte hasta Marruecos antes de cruzar a Europa.
Un gasoducto maratónico plagado de obstáculos diplomáticos, complejidades técnicas, múltiples jurisdicciones y un precio que haría fruncir el ceño incluso a los magnates del petróleo. Como señala NARCO sin rodeos: más cerca de la fantasía que de la funcionalidad.

Cifras impresionantes… hasta que las analizas

ONHYM, la oficina marroquí, afirma que el gasoducto transportará 30.000 millones de m³ al año, exportará 18.000 millones a Europa y dará acceso energético a 400 millones de personas.
NARCO desmonta estas proyecciones con facilidad:

  • Esos “400 millones de beneficiarios” incluyen a 168 millones de nigerianos que ya tienen acceso a energía.
  • El cálculo supone que los 11 países de tránsito están prácticamente sin electrificación, un escenario “irreal”.
  • El número real de nuevos beneficiarios: cerca de 40 millones.
  • Tras la deducción del 5% para cada país, solo 15.000 millones de m³ llegarían a Marruecos.

De ellos, Marruecos consumiría 3.000 millones, dejando 12.000 millones para exportar: cuatro veces menos que las exportaciones actuales de Argelia a Italia y España.

Coste: punto de equilibrio en el año 2313

Inicialmente valorado en 25.000 millones de dólares, el GAA podría dispararse hasta 38.000 millones, situándose entre los gasoductos más caros jamás concebidos.
Para comparar:

  • Medgaz (Argelia–España) fue rentable en 12 años.
  • El gasoducto Marruecos–Nigeria: 288 años.

Si empezara hoy, alcanzaría el equilibrio en torno a 2313, un futuro en el que los gasoductos podrían ser piezas de museo y la humanidad quizá exporte combustible a Marte.

¿Por qué impulsar un proyecto que todos saben que no funcionará?

Geoff Porter, presidente de NARCO, ofrece una respuesta simple: imagen.
La monarquía marroquí apuesta por proyectos grandiosos y mediáticos para mostrar innovación y liderazgo visionario, sin importar la viabilidad o rentabilidad.
Funcionarios como Amina Benkhadra (ONHYM) y Leila Benali (Ministerio de Transición Energética) saben que el proyecto no es viable… pero deben promoverlo.
Como sonreír en un anuncio de una batidora que sabes que se recalienta a los 10 minutos.

El verdadero objetivo: el Sáhara Occidental

NARCO sugiere que el propósito real es geopolítico: crear un fait accompli que refuerce las reclamaciones marroquíes sobre el Sáhara Occidental.
En este sentido, el gasoducto no es tanto un proyecto energético como un símbolo: una apuesta estratégica.

TSGP: pragmatismo frente a espectáculo

En cambio, el TSGP argelino parece mucho más viable:

  • Una ruta más simple, con solo un país de tránsito (Níger).
  • Necesidad mínima de nueva infraestructura.
  • Construcción terrestre directa, a diferencia de las costosas secciones submarinas marroquíes.

¿Riesgos de seguridad en Níger? Manejables, según NARCO, con protección adecuada para las estaciones de compresión.
Argelia planea autofinanciar el proyecto, mientras Marruecos se enfrenta a una deuda creciente y a una financiación europea incierta.

Conclusión: un elefante blanco en desfile

El gasoducto Nigeria–Marruecos es una obra maestra de relaciones públicas: enorme en escala, deslumbrante en concepto, simbólico en lo geopolítico… e indefendible en lo económico.
Se extiende por 11 naciones, exige una inversión astronómica y desafía cualquier previsión de rentabilidad, pero permite a Marruecos proyectar ambición e indispensabilidad.
Un magnífico elefante blanco, desfilando por la costa atlántica.

Mientras tanto, el TSGP avanza en silencio: menos glamour, más ingeniería y mucha más realidad.
Y la historia suele favorecer el pragmatismo modesto frente a la fantasía extravagante.

Por Belgacem Merbah



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