Sin polémicas directas ni declaraciones estridentes, Argelia ha optado por la diplomacia del patrimonio y el procedimiento de la UNESCO para responder—de forma indirecta—a las afirmaciones marroquíes sobre el origen del caftán. En la 20ª sesión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (Nueva Delhi, 8–13 de diciembre), Argel evidenció confirmaciones y actualizaciones de elementos inscritos desde 2012, reforzando su tesis: el caftán es un elemento auténtico de la identidad cultural argelina, reconocido en el marco de la UNESCO.
Un argumento procedimental elevado a diplomacia cultural
En un comunicado publicado el 11 de diciembre en los canales oficiales, el Ministerio de Cultura y Artes celebró «una nueva victoria» de la diplomacia cultural argelina. Con sobriedad institucional, la comunicación subrayó dos puntos centrales:
- Antigüedad de la inscripción: según Argel, el caftán figura en expedientes nacionales desde 2012, en el contexto del reconocimiento del patrimonio tradicional de Tlemcen.
- Clarificación y ampliación: la sesión de Nueva Delhi validó ajustes—traducciones explícitas de los títulos («The wearing of Kaftan» / «El uso/porte del caftán») y ampliación del alcance para reflejar la diversidad del Gran Este argelino (gandoura, melhfa, caftán, qat y lahaf)—anclando la prenda en un continuo de saberes femeninos: técnicas de costura, confección y accesorios decorativos.
Presentadas como decisiones aprobadas por unanimidad, Argel las interpreta como un mensaje inequívoco: el caftán está inscrito y reconocido internacionalmente desde hace más de una década, y su anclaje argelino se apoya en la diligencia documental más que en la retórica.
El caftán entre identidad, transmisión y diplomacia del patrimonio
Más allá de las disputas de atribución, el discurso argelino insiste en la profundidad histórica y la inseparabilidad del caftán respecto de su patrimonio inmaterial: una prenda, sí, pero también un conjunto de ritos, técnicas y savoir-faire transmitidos entre generaciones, en particular en el contexto del traje femenino ceremonial y las tradiciones nupciales. La actualización de los títulos en francés e inglés no es una mera nota técnica; sirve para estabilizar la nomenclatura y evitar ambigüedades—crucial cuando los elementos patrimoniales circulan, se solapan y arraigan en espacios culturales vecinos.
En esta lógica, la diplomacia patrimonial no se limita a obtener inscripciones; enmarca, documenta y protege. De ahí el énfasis de Argel en «preservar y salvaguardar todos los elementos de su identidad cultural frente a la distorsión o la apropiación», formulación que reubica el debate en el registro de la protección y no de la confrontación.
Una réplica «indirecta» a la narrativa marroquí
En ese escenario discreto pero decisivo se ubica la respuesta argelina a las afirmaciones difundidas en Marruecos durante los trabajos de la UNESCO. Allí donde ciertos relatos presentaron el episodio como una «victoria» para su narrativa, Argel contrapesa con un inventario probatorio: precedencias, títulos aclarados, alcances ampliados y unanimidad procedimental. Según la parte argelina, su delegado señaló varias irregularidades en el expediente marroquí, devolviendo la discusión a la lógica del derecho cultural internacional y a los estándares de la UNESCO.
Sin agresividad lingüística, la estrategia se vuelve nítida: despolitizar mediante el procedimiento, desactivar tensiones con documentación, y reafirmar a través de la continuidad. En otras palabras, oponer a la inmediatez mediática el trabajo paciente de la trazabilidad patrimonial.
Lo que revela el episodio: una competencia de legitimidades suaves
El caso del caftán apunta a una tendencia más amplia en el Magreb: el auge de la diplomacia del patrimonio, en la que los Estados buscan nombrar, describir y obtener reconocimiento para elementos que, a menudo, han circulado históricamente entre ámbitos urbanos, rurales y fronterizos. En estos contextos, la precisión de las etiquetas, la solidez de los expedientes y la coherencia de los alcances se convierten en instrumentos suaves pero decisivos. Argelia trabaja en este terreno al reafirmar el lugar del caftán en sus inventarios y ampliar los marcos descriptivos para abarcar el conjunto de vestimentas tradicionales del Gran Este argelino.
Conviene recordar, desde el punto de vista metodológico, que las inscripciones de la UNESCO no establecen necesariamente exclusividades nacionales; pueden coexistir, complementarse e incluso presentarse de forma multilateral. Precisamente porque el patrimonio inmaterial es vivo y compartido, emergen narrativas en competencia—y el desafío consiste en organizarlas sin absolutizar las pretensiones.
Conclusión
Al elegir el lenguaje del derecho patrimonial por encima de la polémica, Argelia ofrece una respuesta medida pero firme: el caftán, en su dimensión argelina, está inscrito, aclarado y consolidado en los procedimientos de la UNESCO desde 2012, con actualizaciones validadas en Nueva Delhi. Lejos de un gesto simbólico, esta vía sitúa la cuestión en el tiempo largo de la gobernanza cultural, donde la autoridad deriva tanto de la precedencia y la documentación como de la expresión identitaria. En la competencia de legitimidades, el oficio de los expedientes, la exactitud de los términos y la continuidad de los inventarios se convierten en el sustrato del sentido.
Por Belgacem Merbah
Comentarios
Publicar un comentario