Una reciente carta oficial enviada por Marruecos a la UNESCO ha reavivado una disputa cultural latente entre Rabat y Argel. En su misiva, el gobierno marroquí denuncia lo que califica como “comentarios inapropiados” —expresiones como “hijos de Bousbir” o “Reino de Marrakech”— supuestamente pronunciados por representantes de la sociedad civil argelina durante la evaluación de la candidatura del Caftán “marroquí” para su inclusión en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. Rabat acusa a estos actores de “manipulación política” y exhorta a la organización a preservar la integridad del proceso de evaluación.
Sin embargo, tras este intercambio diplomático se oculta una controversia mucho más profunda: el origen del Caftán y la legitimidad de su inscripción como patrimonio marroquí. La sociedad civil argelina, muy activa en la defensa del patrimonio, percibe esta iniciativa como un acto de apropiación cultural, máxime cuando el Caftán fue reconocido en 2012 por la UNESCO como elemento del patrimonio argelino.
El precedente argelino
En 2012, Argelia logró inscribir en la Lista Representativa los “Ritos y saberes asociados a la tradición del traje femenino nupcial de Tlemcen”. Este expediente incluía explícitamente el Caftán (Lebset El Arftan) como pieza central del atuendo nupcial, detallando su confección, su uso ceremonial y su significado simbólico. Una solicitud similar fue presentada en 2023 para el traje femenino de ceremonia del Este argelino, incorporando nuevamente el Caftán.
Un legado arraigado en la tradición otomana
Históricamente, el Caftán está indisolublemente ligado a la tradición vestimentaria otomana. El Imperio Otomano jamás ejerció influencia sobre Marruecos, pero sí dejó una huella profunda en Argelia, moldeando sus artes, costumbres y vestimenta. Para los expertos argelinos, la noción de un “Caftán marroquí” es una construcción reciente, impulsada por intereses políticos y turísticos más que por una continuidad histórica.
Documentos notariales y fuentes históricas de los siglos XVIII y XIX confirman la presencia del Caftán en las grandes ciudades argelinas —Tlemcen, Constantina, Annaba y Argel— como símbolo de dignidad, refinamiento e identidad urbana. Utilizado en ceremonias solemnes y transmitido de generación en generación, el Caftán encarna la pervivencia de un saber hacer profundamente enraizado en la sociedad argelina.
Pruebas materiales y artísticas
Numerosos Caftanes antiguos se conservan en museos argelinos (Museo del Bardo, Museo de Antigüedades de Argel) y en colecciones internacionales de prestigio, como la Armería Real de Estocolmo o el Palacio Imperial de Viena. Algunos fueron obsequios diplomáticos —por ejemplo, un Caftán ofrecido al rey de Suecia en 1731 y prendas adquiridas por la emperatriz Isabel de Austria en Tlemcen.
El Caftán argelino se distingue por sus bordados, en particular el motivo del pavo real —símbolo de realeza y espiritualidad— presente no solo en la indumentaria, sino también en la cerámica, la tapicería, la pintura, la poesía y la canción popular. Esta iconografía refuerza la profunda resonancia cultural del Caftán en la identidad argelina.
Una batalla cultural con tintes geopolíticos
Este diferendo trasciende la cuestión vestimentaria. Refleja la rivalidad entre dos naciones que compiten por la primacía cultural en el Magreb. Cada inscripción en la UNESCO se convierte en un activo simbólico, un instrumento de soft power. Para Marruecos, lograr que el Caftán sea reconocido como marroquí significa reforzar su imagen como destino cultural y proyectar su influencia internacional. Para Argelia, defender la autenticidad de su patrimonio es una cuestión de integridad histórica y orgullo nacional.
La UNESCO enfrenta ahora un delicado desafío: arbitrar sin exacerbar las tensiones. Si la Lista del Patrimonio Inmaterial se transforma en un campo de batalla diplomático, corre el riesgo de traicionar su esencia: promover la cooperación cultural y celebrar la diversidad.
Por Belgacem Merbah
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