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Apertura del Sahel: entre los anuncios marroquíes y la estrategia estructural argelina

La cuestión del desaislamiento de los Estados sin litoral del Sahel —especialmente Mali, Níger y Burkina Faso— se ha convertido en un claro terreno de competencia geoeconómica en el norte de África. Mientras Marruecos intensifica una campaña mediática para promover una iniciativa que permitiría a estos países acceder al Atlántico a través de puertos situados en el Sáhara Occidental, Argelia avanza con discreción en la construcción de una auténtica profundidad logística, conectando sus puertos mediterráneos con Tamanrasset para convertirla en la puerta de entrada del Sahel al mundo.

La pregunta esencial no es quién levanta el eslogan, sino quién posee realmente la capacidad técnica, política y financiera para convertirlo en realidad.

I. La iniciativa marroquí: retórica atractiva, realidades problemáticas

A primera vista, la propuesta marroquí parece seductora: un discurso de solidaridad africana que promete a los Estados sin litoral una salida al Atlántico. Sin embargo, un análisis detallado revela numerosos obstáculos estructurales.

1. El dilema de la infraestructura y la financiación

El proyecto prevé conectar los países del Sahel con puertos atlánticos mediante miles de kilómetros de carreteras transaharianas —más de 5.000 km a través de regiones desérticas sujetas a condiciones climáticas extremas e inseguridad persistente.

Un corredor de tal magnitud requiere:

  • Inversiones de varios miles de millones de dólares,
  • Protección de seguridad constante,
  • Costes de mantenimiento extremadamente elevados.

La pregunta clave es evidente:
¿Tiene Marruecos la capacidad financiera para poner en marcha y mantener un megaproyecto transahariano de este tamaño?

Incluso con apoyo internacional, la rentabilidad económica es incierta debido al limitado volumen comercial actual de los países del Sahel.

2. El desafío jurídico: el estatus del Sáhara Occidental

El Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo según la ONU, con su soberanía disputada entre Marruecos y la República Árabe Saharaui Democrática.

Basar una estrategia logística internacional en puertos situados en un territorio en litigio introduce riesgos significativos:

  • Incertidumbre legal y de inversión,
  • Objeciones diplomáticas,
  • Reticencia por parte de financiadores y actores internacionales.

¿Pueden los países del Sahel basar su futuro logístico en una zona cuyo estatus está sometido a un contencioso internacional no resuelto?

3. Mauritania como factor geopolítico: una contradicción insalvable

Cualquier corredor terrestre que conecte el Sahel con puertos atlánticos en el Sáhara Occidental debe pasar necesariamente por Mauritania. Pero Mauritania:

  • Reconoce oficialmente a la República Saharaui,
  • Se beneficia de su papel como país de tránsito comercial,
  • Posee un puerto, Nouadhibou, que ya canaliza comercio de países como Mali.

¿Por qué permitiría Mauritania un flujo masivo de mercancías hacia puertos situados en un territorio cuya soberanía no reconoce?
¿Y por qué debilitaría su propio puerto estratégico en beneficio de un competidor directo?

Políticamente sería injustificable.
Económicamente, irracional.

II. El enfoque argelino: una estrategia discreta pero estructural

Argelia avanza en una dirección completamente distinta: la integración ferroviaria norte-sur y la transformación de Tamanrasset en una plataforma logística continental.

1. El ferrocarril como elección estratégica

Optar por el ferrocarril no es un detalle técnico, sino una decisión estratégica:

  • Costes de transporte más bajos,
  • Mayor capacidad de carga,
  • Mejor seguridad para las mercancías,
  • Mayor durabilidad en entornos desérticos.

Conectar los puertos mediterráneos argelinos con Tamanrasset equivale a integrar directamente a los países del Sahel en las rutas comerciales globales a través de puertos estables y de soberanía indiscutida.

2. Tamanrasset como “puerto seco” del África sahariana

Argelia aspira a convertir Tamanrasset en un centro logístico regional para los Estados del Sahel, un nodo similar al papel de Dubái en su entorno, pero adaptado a las realidades africanas.

El concepto se basa en:

  • Consolidación de mercancías,
  • Almacenamiento y redistribución,
  • Creación de zonas logísticas e industriales,
  • Conexión ferroviaria directa con el Mediterráneo.

Este modelo presenta ventajas decisivas:

  • Se desarrolla íntegramente en territorio soberano argelino,
  • No está sujeto a disputas internacionales,
  • Se apoya en una estrategia de desarrollo gradual y coherente.


III. Dos lógicas contrapuestas

Marruecos:

  • Fuerte discurso solidario,
  • Proyecto teóricamente ambicioso,
  • Enormes desafíos financieros,
  • Obstáculos legales asociados a un territorio disputado,
  • Dependencia de una decisión mauritana incierta.

Argelia:

  • Avance silencioso y metódico,
  • Prioridad a la infraestructura nacional,
  • Integración ferroviaria sostenible,
  • Visión logística de largo plazo basada en profundidad territorial real.


Conclusión: entre la mercadotecnia y la ejecución real

Desaislar a los países del Sahel no es un eslogan político, sino un desafío complejo que combina ingeniería, economía y soberanía. Las declaraciones sobre solidaridad africana no bastan sin:

  • Compromiso financiero real,
  • Estabilidad jurídica,
  • Credibilidad técnica,
  • Realismo geopolítico.

A la luz de los hechos, la iniciativa marroquí se asemeja más a una maniobra de posicionamiento político que a un proyecto viable a corto plazo. En cambio, la estrategia argelina —basada en la red ferroviaria y en la transformación de Tamanrasset en un nodo logístico continental— se fundamenta en criterios más sólidos de soberanía, sostenibilidad y lógica económica.

En geopolítica, el ruido no construye corredores.
Las infraestructuras reales —no las campañas mediáticas— son las que exigen visión, voluntad y continuidad.

Por Belgacem Merbah



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