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Sáhara Occidental: el gran error estratégico de Francia ante un interés vital argelino y las ambiciones expansionistas marroquíes

La decisión de Francia de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental no constituye ni un simple ajuste diplomático ni un gesto de pragmatismo realista. Representa un error estratégico de gran envergadura, revelador de una jerarquización equivocada de las potencias en el Magreb y de una profunda incomprensión de la naturaleza del Estado argelino, de sus intereses vitales y de su función estabilizadora en la región. Al creer asegurar una relación cómoda con Rabat, París pasó por alto un dato fundamental: el Sáhara Occidental es para Argelia una línea roja absoluta, por tocar simultáneamente su doctrina histórica, su seguridad nacional y el equilibrio regional frente a las ambiciones territoriales marroquíes.

I. El Sáhara Occidental: un interés vital e innegociable para Argelia

A diferencia de la lectura dominante en Europa, que trata el Sáhara Occidental como un mero contencioso regional, Argelia lo considera un asunto existencial, inscrito en el corazón mismo de su doctrina estratégica desde la independencia.

1. Una constante doctrinal heredada de la guerra de liberación

La posición argelina se basa en pilares inmutables:

Renunciar al Sáhara Occidental equivaldría para Argel a negar su propia historia, a deslegitimar los fundamentos del Estado nacional y a quebrar un consenso interno transversal. Ningún poder argelino —sea cual sea su naturaleza— puede permitirse una ruptura semejante sin desencadenar una crisis de legitimidad profunda.

2. Una profundidad estratégica saheliana decisiva

El Sáhara Occidental es también una pieza clave de la arquitectura de seguridad argelina:

  • condiciona el equilibrio estratégico del suroeste del país,
  • impide una proyección hostil hacia el Sahel,
  • garantiza una zona tampón esencial en un entorno saheliano inestable.

El apoyo de Argelia al pueblo saharaui no responde, pues, ni a la ideología ni a la emoción, sino a un cálculo geopolítico racional fundamentado en la seguridad nacional y regional.


II. El error francés: confundir comodidad diplomática con centralidad estratégica

Al reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, Francia incurre en un error típico de las potencias en retroceso: confunde al socio más dócil con la potencia más estructurante.

1. Marruecos: un hub diplomático, no una potencia sistémica

Marruecos ofrece a París una diplomacia legible, disciplinada y alineada. Sin embargo, no posee los atributos de una potencia pivot:

  • dependencia energética estructural,
  • limitada profundidad militar frente a Argelia,
  • ausencia de un papel central en el Sahel,
  • peso demográfico e industrial inferior.

Es un actor útil, pero no determinante en la arquitectura estratégica y energética del norte de África.

2. Argelia: la potencia pivotal ignorada

A la inversa, Argelia concentra los principales resortes estratégicos de la región:

  • potencia energética esencial para Europa (gas, hidrógeno verde),
  • recursos minerales estratégicos (como el hierro de Gara Djebilet),
  • el primer ejército del Magreb,
  • un Estado soberano, centralizado y no alineado,
  • influencia decisiva en el Sahel.

Al sacrificar su relación con Argel, Francia se priva del único actor capaz de estructurar de manera duradera la estabilidad regional, especialmente tras su retirada del Sahel.


III. Una decisión irreversible para Argelia

Uno de los mayores malentendidos de la diplomacia francesa consistió en creer que Argelia acabaría “retrocediendo” por pragmatismo o bajo presión.

Esa hipótesis es totalmente errónea.

Argelia no está aislada ni es dependiente.
Cuenta con alianzas alternativas sólidas (Italia, China, Rusia, Turquía).
Es indispensable para los equilibrios energéticos mediterráneos.

Y, sobre todo, ninguna concesión sobre el Sáhara Occidental es políticamente posible sin poner en peligro la estabilidad interna del Estado argelino. No se trata de un expediente negociable, sino de un interés vital en el sentido estratégico pleno.


IV. La doctrina expansionista marroquí y la noción de “fronteras auténticas”

El error francés se ve agravado por una lectura superficial de la doctrina territorial marroquí, con demasiada frecuencia reducida a una reivindicación puntual.

1. El artículo 42 de la Constitución marroquí: una visión revisionista asumida

El artículo 42 confía al rey la misión de garantizar la integridad territorial del Reino dentro de sus fronteras auténticas.
Este concepto, deliberadamente ambiguo, remite a una concepción extensiva y precolonial del espacio marroquí, anterior al derecho internacional posterior a la descolonización.

Implica:

  • una impugnación implícita de las fronteras heredadas,
  • una reivindicación territorial abierta en el tiempo,
  • una lógica de hechos consumados basada en la correlación de fuerzas.

El Sáhara Occidental se integra plenamente en esta visión, no como un punto final, sino como un peldaño estratégico.

2. El Sáhara Occidental como plataforma de proyección regional

Un reconocimiento internacional de la soberanía marroquí permitiría a Rabat:

  • adquirir profundidad estratégica hacia el Sahel,
  • conformar un continuo territorial atlántico‑saheliano,
  • aumentar su capacidad de proyección política y securitaria.

Un escenario así alteraría profundamente los equilibrios regionales y crearía un precedente peligroso en África.


V. Argelia como dique estratégico frente a las ambiciones expansionistas

En este contexto, el papel de Argelia es esencial.
Al defender el derecho saharaui a la autodeterminación, Argel:

  • impide una recomposición territorial desestabilizadora,
  • protege la intangibilidad de las fronteras africanas,
  • bloquea cualquier proyección expansionista hacia el Sahel.

El Sáhara Occidental constituye así una línea de defensa avanzada para Argelia, no contra Marruecos como Estado, sino contra una doctrina revisionista susceptible de incendiar toda la región.


VI. Un error francés de consecuencias duraderas

Al reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, Francia:

  • ha perdido su tradicional papel de equilibrador en el Magreb,
  • se ha enemistado duraderamente con Argelia,
  • ha debilitado su credibilidad en África y en el mundo no alineado,
  • ha avalado una lógica contraria al derecho internacional.

No se trata de un simple tropiezo diplomático, sino de un error estratégico histórico, cuyos efectos se medirán a largo plazo, especialmente en los ámbitos energético, securitario y de influencia.


Conclusión: el Sáhara Occidental, línea roja argelina y baluarte regional

La decisión francesa de favorecer a Marruecos en detrimento de Argelia constituye, a medio y largo plazo, una apuesta económicamente arriesgada.

Implica alejarse de un socio cuya importancia estratégica es insustituible:

  • Argelia es uno de los pocos proveedores capaces de garantizar a Francia un acceso estable a los recursos energéticos, un activo que Marruecos no puede compensar.
  • Los intercambios comerciales y las inversiones industriales con Argelia representan mercados estructurales esenciales para numerosas empresas francesas.
  • El impacto acumulado sobre exportaciones, contratos, inversiones y seguridad energética podría alcanzar, en una década, decenas de miles de millones de euros.
  • Por dinámico que sea el comercio marroquí, no puede sustituir a un socio energético central cuya capacidad y profundidad de mercado estructuran la estabilidad regional.

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