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Sáhara Occidental - Las conversaciones de Madrid: revelan un desajuste estratégico

Las recientes negociaciones de Madrid sobre la cuestión del Sáhara Occidental pusieron de manifiesto un elemento central que rara vez se había formulado con tanta claridad: una profunda divergencia entre las expectativas estadounidenses y el contenido del documento marroquí presentado como una evolución sustancial del plan de autonomía. Este episodio diplomático actuó como un revelador, exponiendo no solo los límites de la propuesta marroquí, sino también las ambigüedades estratégicas que rodean la gestión internacional del dossier.
Desde que las Naciones Unidas clasifican al Sáhara Occidental como un “territorio no autónomo”, cualquier solución política debe respetar un principio jurídico esencial: permitir el ejercicio efectivo del derecho a la autodeterminación. Sin embargo, la tensión entre este principio y la reclamación marroquí de soberanía sigue siendo el núcleo del dilema.

1. De 4 páginas a 40: un cambio de forma sin transformación de fondo

El documento marroquí presentado en Madrid—ampliado a unas cuarenta páginas—pretendía responder a las exigencias de Estados Unidos y de la ONU: convertir un texto breve en un plan de autonomía detallado y acorde con los estándares internacionales.

Las expectativas se concentraban en tres ejes:

a) Garantías democráticas

Un plan de autonomía creíble requiere garantías institucionales sólidas:
– separación de poderes,
– elecciones libres y transparentes,
– mecanismos de control judicial,
– protección efectiva de las libertades públicas.

La dificultad aquí no es teórica, sino estructural. Cuando un territorio autónomo está integrado en un Estado fuertemente centralizado, surge la pregunta: ¿qué garantías reales existen para evitar que la autonomía sea vaciada progresivamente de contenido?

Desde la óptica occidental, apoyar una autonomía sin garantías vinculantes equivaldría a legitimar una tutela política permanente.
Para Estados Unidos, la ausencia de mecanismos internacionalmente garantizados convierte la autonomía en una declaración más que en un marco operativo.

b) Gestión de los recursos naturales

El segundo punto crítico es la soberanía económica. El Sáhara Occidental contiene recursos estratégicos: fosfatos, potencial pesquero y, cada vez más, perspectivas relacionadas con tierras raras en un mundo en transición energética.

Una verdadera autonomía implicaría:
– capacidad de las instituciones saharauis para gestionar directamente los recursos,
– posibilidad de firmar acuerdos económicos exteriores,
– autonomía presupuestaria real.

Si el Estado central conserva el veto sobre los recursos o las relaciones económicas, la autonomía queda estructuralmente limitada.
Para Washington, cuyo interés estratégico incluye el acceso seguro a minerales críticos, la cuestión clave es: ¿quién controla realmente los recursos?

c) El dilema jurídico de la soberanía

Este es el punto más complejo. La propuesta marroquí parte del supuesto de que la soberanía ya pertenece a Marruecos. Sin embargo, la ONU sigue considerando el territorio como no autónomo.

Esto genera una contradicción fundamental:

  • Si la soberanía está decidida, la autonomía es un arreglo interno.
  • Si la soberanía no está definida, debe resolverse mediante un mecanismo de autodeterminación.

Un plan de autonomía serio debe resolver este dilema, no eludirlo. En Madrid, esta claridad pareció ausente.


2. ¿Por qué Estados Unidos descubrió este desalineamiento solo en Madrid?

Esta es una de las grandes preguntas.

Dos hipótesis principales emergen:

Hipótesis 1: falta de coordinación previa

Es posible que las discusiones técnicas no revelaran la magnitud del desacuerdo entre lo que esperaba Washington y lo que realmente contenía la propuesta marroquí.

Hipótesis 2: un ajuste tardío por parte de Marruecos

Otra posibilidad es que Rabat haya modificado el contenido en el último momento, presionada por factores internos o regionales, manteniendo solo la apariencia de conformidad con las exigencias internacionales.

En ambos casos, el resultado es el mismo: una pérdida de credibilidad respecto a la viabilidad del plan de autonomía.


3. El interés estadounidense: más allá del simbolismo

Estados Unidos no busca una solución sentimental ni simbólica. Su interés es geoestratégico y económico:

  • asegurar cadenas de suministro de minerales críticos,
  • estabilizar una zona sensible del Atlántico africano,
  • impedir que otras potencias ocupen el vacío estratégico.

Desde esta perspectiva, cualquier ambigüedad jurídica o política se convierte en un obstáculo directo.
El aprovechamiento de recursos estratégicos exige un entorno legal estable y reconocido internacionalmente.

Si el plan de autonomía no garantiza esta estabilidad, se contradice con los objetivos estadounidenses.


4. ¿Una oportunidad estratégica para los saharauis?

El desalineamiento revelado en Madrid abre un espacio político.

Si Estados Unidos prioriza la seguridad jurídica y la claridad económica, entonces la parte saharaui podría formular una propuesta estratégica basada en:

  • garantías democráticas explícitas,
  • transparencia en la gestión de los recursos,
  • compromisos contractuales sobre la seguridad de las inversiones,
  • alineación explícita con el derecho internacional.

Es decir: convertir la reivindicación política en una oferta institucional sólida.

Las negociaciones previstas en Estados Unidos en mayo de 2026 podrían así convertirse en un punto de inflexión.
En el contexto de competencia global por recursos estratégicos, el Sáhara Occidental ya no es solo un caso de descolonización: es un desafío geoeconómico.


Conclusión

Las negociaciones de Madrid pusieron de manifiesto que ampliar un documento no basta para corregir sus debilidades estructurales. Las garantías democráticas, la soberanía económica y la resolución del dilema jurídico de la soberanía siguen siendo los tres pilares esenciales de cualquier solución creíble.

El desalineamiento entre Washington y Rabat no es un accidente menor: revela las tensiones entre reconocimiento político, intereses estratégicos y limitaciones del derecho internacional.

En esta ecuación compleja, la credibilidad, la coherencia y la capacidad de ofrecer un marco estable serán las monedas determinantes en las próximas negociaciones.



Por Belgacem Merbah



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